Paco Sancho, in memoriam

“Yo de mayor me pedía ser Paco Sancho”

1954-2015

HISTORIAS CON PACO

Deja aquí tu comentario con tu recuerdo o tu historia con Paco.
O escríbenos a stolpersteinblog@gmail.com o a @Stolperstein31 en Twitter.


RELACIONADO

Paco nunca tenía prisa

Por MAJ — Mensajes desde la amistad

Querido Paco

Por Miguel García San Emeterio — Mensajes postales para Paco

Recuerdos de @pacotto

Por Maialen Antón Sancho — Mensajes de su sobrina

Si no has buscado mi blog, no eres buena periodista

Por Rocío Montuenga — Mensajes desde el aula 1560 de FCOM

En primera persona

Por Maria Roca — Mensajes de sus huellas

Hasta siempre, maestro

Por Iker Huarte — Mensajes al profesor, jefe, camarada, amigo y maestro

Paco

Por Brais Cedeira — Mensajes desde el vagón

In Memoriam Facultad de Comunicación UNAV

Por Universidad de Navarra — Fotogalería de momentos con Paco

Gracias por tanto, Don Francisco

Por Leyre Hualde — Mensajes desde A orillas de Sepahua

Porque la vida sin Historias es aburrida

Por Página 33 — Mensajes desde A sangre fácil

Al gran Pacotto

Por Amaiur Elizari — Mensajes de un periodista a un maestro

Cuando los grandes se van, dejan huella

Por Amaia Otazu — Mensajes de recuerdos sin conocerte

Estás cuando releo, Paco

Por Laura Alzola — Mensajes desde los textos

Paco, habría que…

Por Luis Guinea — Mensajes de asuntos pendientes

 


Gracias por ser y estar, y -sobre todo- por enseñarnos a ser con cada mirada.


Alguien me dijo que para ser periodista la clave era no meter ladrillos. Creo que en un primer momento no supe a qué se refería. Puede que pensara que hay que ser ligero escribiendo, o que los lectores fueran capaces de comprenderte con claridad. Tal vez pensé en algún momento que lo que buscaba era la sencillez, no ser simple, sino sencillo a la hora de contar historias. Ahora que ya ha pasado un tiempo, estoy segura de que lo que él buscaba era llegar a la gente, no hay que ser sencillo en el lenguaje, ni parco en palabras, sino ser capaz de conectar con la persona que está leyendo, ser uno con el lector. Creo que lo que él buscaba era transmitir esa pasión al contar una historia, igual es que él mismo me estaba intentando explicar lo que era, un apasionado del periodismo. Gracias Paco.

–Patricia Rouzaut


Creo que lo importante, más incluso que el hecho de que se haya ido, es lo que nos deja. Aprendimos mucho. Tuvimos suerte de tener a Paco.


Me hacía mucha gracia cuando Paco, durante las prácticas, se pasaba una hora explicando con todo detalle cómo funcionaba Photoshop o algún otro programa. Al acabar, siempre concluía con: “Y luego ya seguís enredando…”. Gracias por todo lo que nos has enseñado, maestro de periodistas. Seguiremos enredando.

–MDM


Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Paco era amor sin rodeos. Me tenía en un pedestal como loco digital, siempre se lo agradeceré. No me puedo creer que se haya ido @pacotto. ¿Cómo debe ser el periodista del siglo XXI? Como él, como Paco Sancho.

–Daniel Prol


Consternado. Se ha ido Paco Sancho, un profesor al que tuve la suerte de conocer el año pasado. Periodista con mayúsculas, de cigarro, copa de coñac y Olivetti oxidada en un escritorio repleto de papeles. Alguien a quien en parte debo mi blog, simplemente porque él me inspiró con el suyo.

Sé que le caía bien, a pesar de mi desdén por las fechas de entrega, la puntualidad o el trato de usted. Nunca me lo tuvo en cuenta, ambos sabíamos que el Periodismo en realidad consistía en otra cosa.

Él siempre decía: “yo de mayor me pedía ser Paco Sancho”. Quién pudiera, maestro, quién pudiera. Por de pronto, me conformo con haber sido tu alumno.

Gracias por todo. Descansa en paz, profesor.

–Miguel G. Barea


Mi experiencia junto a Paco fue corta, pero intensa, como él era. Tuvo lugar durante varios meses de mi tercer curso de la carrera, con motivo de un laboratorio de Periodismo ideado por Diario de Navarra. Según nos dijeron, el primero de España.

Aunque el proyecto acabó llenándome menos de lo que esperaba, pude conocer a Paco de cerca. Apasionado como pocos, era el primero que deseaba que le sacásemos todo el partido posible a aquella experiencia. Escuchaba nuestras ideas con la mayor atención y cariño posibles, nos ayudaba a mejorarlas y siempre tenía abierta la puerta de su despacho para lo que necesitáramos.

Apenas recuerdo haberle visto enfadado. Probablemente, nunca lo estuviese. Siempre tenía un comentario gracioso preparado para sacarte una sonrisa. Con él al lado, era imposible no amar más aún esta profesión y no intentar superarse cada día. Vivía por y para el oficio e intentaba transmitírselo a todos los que le rodeábamos.

Ahora que trabajo a las órdenes de uno de los periodistas más importantes y entusiastas de España, entiendo mejor dos cosas: que la experiencia es un grado y que tipos como Paco Sancho ennoblecen el periodismo. Por ser maestros en lo suyo, por inyectar la droga periodística en las nuevas generaciones y, sobre todo, por ser buenas personas y demostrarlo. Gracias por tu humildad y por tu generosidad, Paco.

–Millán Cámara. Fcom’15


A Paco Sancho te lo crees porque siempre tenía un no para tus síes, un “depende” para tus certezas, un “déjame que lo vea otra vez” para tus prisas, un “esto hay que darle una vuelta” para tu desidia, un rato más en el que compartir vida y pitillo. Te lo crees porque no necesitas adjetivos para definirle, pues ninguno alcanza a expresar la grandeza de su persona. Hay cosas que por sí mismas se dicen ellas solas. Paco Sancho es una de ellas.

–Brais Cedeira


Fue nuestro director del suplemento. Una vez, riéndose, dijo: “Ya sabéis donde encontrarme. En mi despacho no, ¡fumando!”.

–Sofía Garamendi


No sé qué quiero ser de mayor, pero solo espero que cuando me llegue la hora de irme, una sola persona me recuerde con tanto cariño como todos te recordamos a ti. No sé cuál es la definición exacta de buena persona, profesional y maestro al mismo tiempo, pero seguro que se parece mucho a ti. ¡Qué viva el Periodismo con mayúscula, y que vivan los grandes maestros de historias!


Un profesor directo, claro y campechano. D.E.P. Paco.

–David Soler Crespo


Por circunstancias de la carrera nunca llegué a conocerte. Sí que coincidí, como dicen, con tu sonrisa por los pasillos. Llegar a Fcom muchos días era vislumbrar tu figura tras el humo de un cigarro. Y yo pensaba que ya llegarías, que ya me tocaría ser tu alumna en un futuro próximo, que ahora se antoja inalcanzable. “Nos ha tocado Pacotto. Es duro, pero es un grande”, eso, lo he oído en distintas versiones y de distintas bocas. Pero siempre la misma historia. Las palabras malas para ti, las quejas tras una nota un tanto desamparada, siempre iban acompañadas de “pero en el fondo tengo suerte de estar con Pacotto”. Dicen que te involucrabas de verdad, que te apasionabas por el periodismo, por el de verdad. Y que eso del lenguaje html nunca fue contigo. Porque no interesaba. Porque no te interesaba. Pero ahí aguantaste de todas formas. El lenguaje html y lo que vino. Ahora toca descansar. Y espero que allí arriba te dejen, al menos por un momento, escapar del frenesí de la profesión. Pero sólo por uno, porque, como dicen, un maestro de periodistas lo echaría de menos. Te has ido. Marrodán y los demás van a echarte de menos. Tus alumnos van a echarte de menos. Las futuras generaciones de FCOM, aunque no lo saben, van a echarte de menos. Y yo, aunque quizá sea absurdo, también. Ahora hay un nudo en la garganta porque nunca llegaré a conocerte más allá de esa sonrisa y ese piti, aun cuando ahí afuera hiela. Pero las palabras que por ti los periodistas han escrito dicen mucho. Te vas dejando un hueco. Y tu ausencia se siente. Eras, y serás, sin pretenderlo, muy muy querido.

Sit tibi terra levis, Pacotto.

–Claudia Sorbet


Conocí a Paco en 1985 en Bilbao. El era el jefe de la sección local de La Gaceta del Norte, yo un becario recién llegado a las órdenes del gran Zulet. Me inyectó el periodismo en las venas. Siempre tenía algún proyecto por delante. Al de unos meses me marché a la aventura en un periódico andaluz, antes de la maldita mili, y cuando colgué el uniforme recibí su llamada. Se habìa embarcado en una revista económica en Murcia y me ofreció un trabajo. Allí me fui. Me buscó casa, pero la suya era también la mía, siempre se lo agradeceré. Ya entonces, Paco era un entusiasta de las nuevas tecnologías. El primer procesador de textos doméstico lo tenía él en su despacho. Recuerdo el día del cumpleaños de su hija Paula. Lo celebró en el Club de Tenis de Murcia. Me pidió que fuera a recoger a su padre al aeropuerto de Alicante, un señor encantador que me contó que, de niño, su padre le encargó que llevara al gobierno militar el reloj que había dejado a reparar en su tienda el general Mola. Fue el 16 de julio de 1936, dos días antes de la rebelión militar en la que intervino. Un minuto después de contármelo, nos paró la Guardia Civil. Me pusieron una multa de tráfico.

Luego me fui de Murcia y no le perdí la pista. Entró en el Grupo 16 y allí también coincidimos. El era director de Diario 16 de Murcia y yo jefe de Deportes de Diario 16 de Málaga. Tuve que viajar a dos partidos del Málaga, a Murcia y Orihuela y fui a visitarle a la redacción. Era 1991. Creo que fue la última vez que le vi en persona, pero después nos comunicamos por teléfono, la última vez hace un par de años.
Paco fue uno de mis maestros, porque era imposible no contagiarse de su entusiasmo por el periodismo, era un animal de redacción, de las antiguas, bullciosas y dinámicas, pero sobre todo, cumplía de largo la condición que ponia Kapucinski: “Para ser un buen periodista hay que ser u a buena persona”.

–Jon Rivas


Nunca pensé que fuera a escribir en Stolperstein, porque considero que no sé. Al menos no lo suficiente. Tampoco sabía cómo expresar lo que siento ante tu pérdida. Sin embargo, me ha sido imposible no recordarte cuando he sabido de ella. Primero por mi experiencia personal contigo. Recuerdo perfectamente las clases de Diseño periodístico en las que, orgulloso de mí, te entregaba mis prácticas y las calificabas algo bajas. Me revolvía por dentro. “¿Cómo puede ser?”. Pero, pese a todo, siempre salía de clase con una sonrisa. Porque eramos un caos y, pese a eso, flexibilizabas las horas de entrega. Y porque nunca faltaba un mensaje de ánimo que suavizaba esa exigencia tan necesaria en la mejor facultad de Periodismo de este país.

Me he dado cuenta de lo que supone tu pérdida cuando he leído la gran cantidad de cariño que te dejan exalumnos, antiguos compañeros y amigos por las redes sociales. Me he sentido mal porque pienso que no he sabido aprovechar cada cosa que me has enseñado. Porque pienso que no me he dado cuenta de la suerte que he tenido al conocerte, aunque sea solo durante un año de prácticas y con la cordialidad de encontrarnos por la Facultad. Pero me quedo con eso. Me quedo con todos los homenajes que te han hecho, Paco. Me quedo porque es ahí donde veo todo lo que has enseñado, el poso que has dejado en las personas que verdaderamente te han conocido. Me quedo con cada recuerdo que he leído, porque es ahí donde puedo seguir aprendiendo de ti.


Tu sonrisa de ida y vuelta… Tu buen humor. Tu disposición, entrega y cercanía en cada clase, práctica, pasillo, momento… TÚ! Maestro de grandes periodistas Pacotto. Descansa en paz.

–BP


Todo un profesional en el diseño periodístico. Gracias a él aprendí lo más importante e imprescindible de esta materia.


Aparentaba ser un hombre muy tranquilo, aunque cuando le conocías te dabas cuenta de su fuerte carácter. Exigía calidad y repartía ironía. Hoy, querido amigo, el mejor titular eres tú.

–Gemma Abadía


Apenas tuve relación personal con Pacotto, como le llamaban sus más allegados. Mi experiencia se reduce a medio semestre de prácticas de una asignatura de la Facultad, que se centraba en el periodismo desarrollado en los medios digitales. En estas clases prácticas, se veía que para él no importaba tanto el soporte como el contenido. Las buenas historias fueron su debilidad. Así lo demuestra la cantidad de suplementos y Trabajos de Fin de Carrera que ha dirigido a largo de su carrera.

Otra de sus debilidades era la música, aquella que quizá le remitiera a sus años de juventud. Recuerdo la sonrisa de complicidad que me mostró cuando le expliqué que el tema escogido por mi trabajo final de la asignatura giraría en torno a un tema musical. Sabía que, fuera cual fuese el tema, le gustaría. Después de todo, escribió medio número de la revista Nuestro Tiempo acerca de los 40 años del “Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, de Los Beatles. Entre líneas, sus artículos para este número en concreto mostraban que Paco era un “beatlemaníaco” más.

Quizá no sea casualidad, por tanto, que se nos haya ido el mismo día en el aniversario de la desaparición de un gigante musical: Freddie Mercury. Le di un par de vueltas a esta casualidad, y me di cuenta de que no podían ser más paradójicas ambas personalidades.

Mercury, grandioso en un escenario, declaraba que cuando se apagaban los focos volvía a ser un hombre normal y tímido, completamente distinto al que había dado todo delante de un público de 60.000 personas.

Paco, por el contrario, era humilde y callado sobre el escenario de sus clases y de cara a sus grupos de alumnos. Era fuera del escenario académico donde se demostraba que era un gigante del Periodismo, un “showman” de la información, al cual muchos de los alumnos y profesores de la Fcom le debemos tanto, aunque solo fuera por esas palmadas en la espalda que te daba cuando veía que, por fin, hacías un buen trabajo.

Me consta que ahora está en un sitio mejor: en la primera fila de ese concierto que están montando todos los grandes de la música, aquella constelación de estrellas que, como él, se apagaron antes de tiempo. Pero estoy seguro de que está viendo esta “jam session” con una sonrisa de oreja a oreja, y disfrutando como el “fan” acérrimo que fue en vida.

Que siga la música.

–David Otero


Solo he tenido la oportunidad de dar algunas clases con Paco, pero han sido suficientes para apreciar su forma de ser. Este semestre debía ser mi profesor de prácticas y así comenzó, hasta que a mediados de octubre nos dijeron que estaba enfermo y se retiraría temporalmente. Recuerdo que conforme pasaba el tiempo les preguntaba a mis compañeras qué sería de Paco, cuándo volvería. Se echaba de menos su buen carácter, su paciencia y, sobre todo, su sentido del humor, que hacía las clases siempre más llevaderas. Cuando nos dijeron que se había ido y por qué, me costó creerlo. Parecía mentira que con todo lo que tenía encima pudiera ser tan fuerte como para estar hasta el último día de nuestras clases con ese buen ánimo suyo. Seguro que todos de mayores nos pediríamos ser como Paco Sancho.

–Blanca Martínez Fernández


Qué decir, se ha ido hoy uno de los más grandes periodistas que he conocido: Paco Sancho.
Joder, eras un tipo rebelde con un humor ácido de los que me gustan a mi. Yo creo que te caía bien, lo intuí cuándo te propuse hacer un reportaje sobre unos grafiteros y me dijiste con cara de cabrón: “¿Por qué no los traes a Fcom para que manchen las paredes de fuera? Eso estaría muy bien, pero los de Eulen tienen el gatillo fácil con las pistolas y los freirían a balazos”.
Me queda pendiente decirle al rumano del acordeón de la Vuelta del Castillo que toca como el puto culo, y que si fuera por tí “le hubieras pegado un tiro al acordeón”.

También me quedo con una frase que nos dijiste a los de prácticas: “hay que tener amigos hasta en el infierno”. A ver, no creo que te hayas ido al infierno, viejo, pero tampoco la líes por allá arriba demasiado. O por lo menos esperamos al resto de macarras a que subamos, que a todos a la vez no nos podrán echar.
PD: Si Paco hubiera leído este texto lo hubiera tachado y al lado tendría un “Vaya truño” (aunque luego la calificación sería un 7).

–Íñigo García Echeverría


No tuve la suerte de conocer a Paco en persona. Sí de oídas, pues fue profesor de compañeros míos. Y nunca oí hablar mal de él. Digo suerte porque los que sí lo hicieron son unos afortunados. Todas las palabras o conversaciones sobre Paco eran de alabanza a éste profesor, a éste buen profesor. No es casualidad que, al fallecer todo sean palabras y escritos bonitos sobre él, tanto como persona como profesional. Gracias, Paco, por tu ejemplo, tu dedicación a los alumnos y a los profesionales de la comunicación. Que sepamos aprender de ti. Descanse en paz.


Seguro que estás fumando en el cielo y la mar de bien… Nunca te conocí porque no fuiste mi profesor. Supe quien eras porque tus alumnos hablaban de lo bien que se la pasaban contigo. Incluso me reí de tus bromas sin que tú me las hubieras contado. Me caías bien por ser diferente, por ser auténticamente tú no tenía que conocerte para saberlo. Gracias por enseñarnos eso a los que ni siquiera fuimos tus alumnos.


Paco te conquistaba con su mirada. Reconozco que al principio me asustaba verle. Y es que era tremendamente sincero, con carácter, pero tierno a la vez, y con mucho humor. Se hacía querer. Entre piti y piti en la puerta de la Facultad, me hizo preguntarme cosas, sobre Periodismo y sobre la vida, como que el mundo es complejo, que no hay que juzgar a los demás, que todos pueden aportar algo, que para ser periodista hay que aprender a escuchar. Gracias Paco, supongo que estarás en la puerta del cielo fumándote un buen cigarro con San Pedro.

–Inas Benguría


A lo largo de los cuatro años de carrera no he encontrado a ningún profesor que me impusiera tanto respeto como Paco. Sí, muchos me dirían ahora que era el tío más cercano de la facultad, que incluso podías echarte un cigarro con él en cualquier momento. Lo era. Por eso mismo, lo admiraba. Y esa admiración se traducía en respeto. Sus palabras, calmadas pero también concisas, me hacían replantearme todo lo que en ese momento iba a ofrecerle. Por favor, Paco Sancho iba a escuchar mi propuesta y posiblemente pensara que tenía que “darle una vuelta”. Recuerdo con cariño mis primeros reportajes después de haber ido hasta su mesa con una sonrisa tratando de venderle aquella idea, que, muy posiblemente, habría escuchado antes cientos de veces. Pero tengo que ser sincera. Reconozco que fueron más los momentos en los que me dio la oportunidad de divagar y de escribir aquello que me viniera en gana, siempre que “limara”, al final, lo escrito.

La última propuesta que me aceptó fue en septiembre, cuando le conté que había pensado en abrir un blog sobre política navarra. Me miró dubitativo. “Vale, sé que no suena apasionante, pero lo es”, le dije. Paco pasó cinco minutos escuchando mi idea de bombero hasta que él se puso también el casco para tratar de controlar aquel fuego. Y como siempre, lo hizo.

Sé que Paco estará ahora riéndose desde ahí arriba, orgulloso de haber sabido apretarnos las tuercas y de enseñarnos un poco más de esta profesión que mucho tiene que ver con escuchar al otro. Gracias, eterno profesor, por tu paciencia, tu calma y tus palabras a tiempo. Un titular nunca fue igual después de pasar por la mano mágica de Paco. Siempre con nosotros.

–Nerea San Esteban


Paco, ¿qué decir que no se haya dicho? Seguramente te cabrees un poco por el revuelo que has montado. No querías aparecer ni en las fotos, pero hoy la noticia eres tú. Ayer por la noche te fuiste, te marchaste al banco de otra plaza a fumar y pensar titulares. También estarás pensando como puedes ayudar a tus alumnos con un reportaje, un vídeo o la maquinación de un suplemento. Ahora lo podrás hacer susurrando al oído muy bajito tus ideas y no en medio de los pasillos a mitad de pitillo o a mitad de las ruidosas reuniones de proyectos o suplementos.

Así eras: un maestro de los pies a la cabeza. Eso sí, un maestro con mucho colmillo que consiguió que todo el mundo le quisiera.

Un abrazo,

–Página 33


Hace algo más de dos años, casi tres, los compañeros de comunicación digital sacaron a delante una web, A hombros de gigantes, donde se reflejaba la esencia que es ser Fcom a través de tres grandes: Antonio Fontán, Alfonso Nieto y Luka Brajnovic. En julio se unió el gran Paco Gómez-Antón y anoche, Francisco Sancho. Paco. Pacotto.

Era el señor del cigarrillo de la puerta. El señor de la ropa gris, beige, ocre y marrón. Hasta entonces, nunca había imaginado que la gama cromática de estos colores pudiese ser tan amplia. Era un señor, aún sin conocerlo, y luego fue un caballero, cuando lo conocí. Lo que sí fue siempre, un gran periodista. Es decir, un gran maestro.

Entre carnets de la uni olvidados, fotos en las letras de Fcom y quejas por las prácticas, el frío y los horarios, unos ojos siempre atentos, un cigarro siempre encendido, estaban ahí. Riendo con compañeros, hablando con alumnos o pensando en aquel titular al que se le podía dar otra vuelta. El porche de Fcom tienen un rincón que dentro de poco tendrá una placa: Desde aquí Pacotto enseñó Periodismo. Porque Paco enseñaba dentro clase y fuera. Paco enseñaba a preguntar y a repreguntar. Paco enseñaba a ser periodista y a ser persona. Paco enseñaba siempre. Y siempre nos seguirá enseñando.

Con el tiempo, y los cursos, descubrí que entre piti y piti asomaba una sonrisa. Y caminando por la Facultad, también. Él tenía esa sonrisa sincera, socarrona, irónica, bromista y  puntillosa que conseguía despertar en todos ese afán por querer hacerlo todo y mejor.

Nunca me había dado clase, eso es cierto, pero por azares de la vida llegó a mí su libro, En el corazón del Periódico, y lo devoré. Desde entonces, gracias a esa lectura, amé el periodismo. Hasta entonces solo me gustaba. Me enamoré tanto que me veía indigno de ejercer la profesión que estaba estudiando. Y entonces llegó él, como en las películas.

Apenas fueron un puñado de sesiones, ocho o diez horas, en las que él tenía que enseñarme a utilizar Photoshop. Reconozco que, por mi torpeza, mis conocimientos con esta herramienta se resumen en saber abrirlo y cerrarlo. Bueno, e instalarlo. Sin embargo, de sus clases me llevé otras cosas. Me llevé el amor por el trabajo bien hecho; me llevé la exigencia que nos tenemos que pedir a nosotros mismos, pues nuestra tarea es servir a la sociedad; me llevé la pasión por las historias, sobre todos las bien contadas; me llevé el rechazo a los ladrillos, aunque esté escribiendo uno; me llevé, en definitiva, la esencia que Paco ponía en todos sus trabajos. Hasta su último día.

Hizo que compañeros míos se diesen cuenta de lo mucho que valían. Despertó en otros la pasión  por más y mejor Periodismo. Inculcó en algunos el amor a las historias. Y a todos nos dijo que a las cosas hay que darles otra vuelta; incluso a nosotros mismos. El profesor es aquel que enseña y del que se aprende. Pero Paco, Paco era un maestro.

Era catedrático en ironía, era doctor en la faena, era profesor de todo y era un maestro de la vida.

Hoy me he dado cuenta de que FCOM no es una Facultad. O al menos no solo es una Facultad. Tampoco es una escuela, o no solo una escuela. FCOM es una casa, FCOM es un hogar. Y en él habita la familia. Anoche se nos fue un padre, un jefe, un compañero, un profesor, un amigo, un periodista y un maestro. Anoche se nos fue Pacotto, aunque él siempre estará ahí, sin hacer ruido, como le gustaba (excepto si cogía un tambor). Hasta que seamos mayores, no podremos llegar a ser Pacos Sanchos, pero en cada línea que escriba sí habrá pequeñas pinceladas de lo que quiero llegar a ser. Él.

Gracias. Y descansa en Paz. Pero dando guerra.


El curso pasado nos llevaste a tu clase de Documentación a Diario de Navarra. Pisé por primera vez una redacción y rotativa. No se me olvidará. Vuela alto, profesor.

–Loreto Sáez


“Voy a mirar tu trabajo con lupa”. Si un profesor te dice esto, te asustas. Pero cuando el que te lo decía era Paco Sancho, con su sonrisa eterna, sabías que quería ayudarte a mejorar. Tuve la inmensa suerte de disfrutar de sus clases. Y digo suerte porque no hay más que mirar todo lo que sus alumnos, ex alumnos y compañeros de vida están escribiendo sobre él para saber que era de ese tipo de personas que no abundan y a las que merece la pena conocer.

Paco, tú sabes mejor que nadie que las tecnologías no son lo mío. El año pasado te reías con mi desesperación cuando intentaba aprender a utilizar dreamweaver y photoshop (sin mucho éxito, ya lo sabes tú). Te reías y me tranquilizabas. “No te preocupes tanto por la forma, lo importante es el contenido”, me decías. Y qué razón tenías. Como siempre. Escritura sencilla, sin “ladrillos”, ese era tu lema. Gracias por ayudarme a mejorar como periodista, aunque las tecnologías siguen siendo mi asignatura pendiente.

Ahora los pasillos de Fcom serán más serios y el banco de la entrada estará más vacío, pero ese siempre será tu sitio. Al igual que siempre que pase por delante del aula 1560 te recordaré, con todo tu buen humor y tus ganas de ayudarnos a mejorar. Siempre serás un referente, maestro.

“Yo de mayor me pedía ser Paco Sancho”. No podías haberle puesto un título mejor a tu vida.

–Cristina Muruzábal


De verdad, de corazón, gracias por exigirme tanto, por exigir tanto. Por esas prácticas en las que “a todo se le puede dar otro enfoque”. Por ayudarme siempre en lo que he necesitado. Por esos pitis después de prácticas y por esas ganas enseñar tanto. Pero sobre todo gracias por hacerme creer en el periodismo con mayúsculas. Nadie titulaba como Paco Sancho. Te vamos a echar de menos, ya lo hacemos, e incluso los que no te han conocido dando clase también te echarán de menos, estoy segura.

“Yo de mayor me pedía ser Paco Sancho”. Descanse en paz.

–Carmen Suárez


Siempre nos decías que lo importante eran la calidad y el contenido. Muchos te desesperamos durante horas porque seguimos llevándonos como el perro y el gato con la tecnología. Pero siempre has tenido una sonrisa y una ironía para respondernos y reirte con nosotros. Siempre te recordaremos en tu sitio dando los buenos días y las buenas tardes, y siempre preocupado por sacar el máximo de tus alumnos.

Ahora que estás en el cielo sigue cuidando de nosotros, que nosotros te recordaremos en cada palabra escrita con todos tus consejos.

–R. Menéndez


Gracias Paco por no desesperarte conmigo. O quizá te reías por no llorar, pero de verdad que la tecnología tienen un complot contra mí. Gracias por atenderme las mil veces que levantaba la mano en clase. Gracias por las clases magistrales con Rocío Montuenga. No solo nos enseñaste Periodismo, sino cómo ser un Periodista. Una persona que trabaja sin parar, con curiosidad por la verdad y las historias.

Hoy mismo he descubierto que no pudiste leer mi propuesta de edición. Creo que te hubiera gustado, aunque me habrías hecho cambiar todos los títulos y “darle un par de vueltas” a algunos temas.

Hay mucho que mejorar y mucho que no se ha dicho. Pero las lamentaciones no llevan a nada. Gracias Paco.

–Natalia Rouzaut


Paco acabó harto de nosotros. ¿Quién le habría mandado a él a meterse en ese berenjenal? Como si un grupo de proyectos no fuera suficiente, ¡encima unía a dos! ¿A quién se le habría ocurrido? “¡Pero si fue idea tuya, don Francisco!”, le decíamos. De quién si no iba a ser aquella gran idea.

Aquellos meses fueron emocionantes. Paco, y LG, creían en el proyecto como si les fuera la vida en ello. Pocos días antes de la presentación, Paco se plantó en mi piso de estudiantes. Era un domingo por la tarde. “Paco, le he contado a mi madre que venía un profesor esta tarde a casa y me ha dicho que la tenga en condiciones, que tengo que ser una mujer mu limpia, mu recogía y mu de mi casa”. Todavía me resuenan sus carcajadas en la cabeza. Y hasta hace cuestión de semanas, cada vez que podía, me repetía esa frase que se le quedó grabada.

Como LG me ha recordado esta mañana, Paco decía que si tuviera dinero, montaría un periódico. Como el que hicimos, como Ene. “Mari, ¿te acuerdas cuando…?”. Pues claro que me acuerdo. “Habría que…”. Y tanto.

Hoy me decía Iker que, recordando momentos con Paco, se había dado cuenta de que nunca lo había visto triste. Seguro que en ocasiones se sintió así, pero enseñárnoslo no estaba en sus planes. Ante quienes le rodeábamos en Fcom, él era fuerza, pasión, entusiasmo. Que sí, que sale, que se puede. Que eso es periodismo de verdad. “¿Y a qué esperas para hacerlo?”. Ahora sólo espero que, aunque sin decírselo, él también sintiese nuestro agradecimiento.

–María Jiménez


No he podido resistirme a escribir unas letras al gran Paco. Los primeros años de carrera para mí Paco era un misterio, siempre con el pitillo en mano en la puerta de FCOM, pasabas delante de él y te saludaba con un movimiento de cabeza. Nada más.

Pero tuve la suerte de que me dirigiera un proyecto en 3 de carrera, y comprobé que había algo más. Yo sobre todo lo escuchaba y lo observaba, lo recuerdo mucho con mis amigas y compañeras Marta Martín y Marta Vidán, compartiendo pitillos entre un descanso y otro.
A mi modo de ver, era un hombre que sabía ser discreto. Estaba en todo sin hacer ruido, pero estaba. Era el hombre que susurraba a los alumnos maravillas sobre el buen periodismo. Gracias Pacotto.

–Loreto Márquez


Estarás en cada idea y en cada línea que escriba, y estoy segura de que desde allí arriba seguirás dándonos ejemplo. Cercano, atento y siempre dispuesto a hacer una broma con la que sacarnos una sonrisa. Gracias por transmitirnos lo más bonito que un periodista puede enseñar: a hacer Periodismo, con mayúsculas. Gracias por tanto. En un día como hoy no puedo decir más, pero tampoco creo que te merezcas menos. Esto va por ti. Hasta siempre, Pacotto. Hasta siempre, maestro.


Tan solo me quedan seis meses para acabar la carrera y creo que es ahora cuando empiezo a ser realmente consciente de la suerte que tenemos los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Por muchos motivos: uno de ellos es la cantidad de profesores que hay con un currículum brillante y con una calidad humana extraordinaria. De Paco Sancho no conocía lo primero; lo averigüé la pasada madrugada leyendo uno de los obituarios que le escribieron. Lo segundo sí que lo sabía desde hace algún tiempo.

La primera vez que lo tuve como profesor fue en las prácticas de Diseño, en 2º. Llegué aterrada a la primera clase porque alguien me dijo que era un hombre “muy duro y serio”, y yo en esa asignatura andaba desubicada. No fue para tanto, pero acabé el semestre casi con la misma impresión sobre él que al principio: un tipo que imponía muchísimo. Poco después, leyendo sus ingeniosos tuits —los voy a echar de menos—, me di cuenta de que Paco Sancho era un hombre y un profesor muy diferente a la idea que me había creado en mi cabeza.

[Aprovecho para rescatar un tuit que me encantó en su día y que refleja muy bien su ingenio. 2 de junio de 2014: “Y a Letizia le aconsejaron que estudiara Periodismo porque viviría como una reina”].

En 3º volvió a ser mi profesor de prácticas, esta vez de Ciberperiodismo. De nuevo una asignatura que me costó sudor y lágrimas sacarla. Yo llegaba a la sala de ordenadores, me sentaba en última fila donde nadie pudiese ver la página web tan desastrosa que estaba creando, y entonces se acercaba Paco sonriendo a preguntarme cómo llevaba el trabajo. Yo le contestaba algo así como: “Mal, Paco, muy mal; soy pésima creando webs, me da vergüenza enseñarte lo que llevo hecho”; entonces él se reía, pero no era una risa burlona. Creo que se reía porque en el fondo comprendía mis peleas con el ordenador. Después echaba un vistazo a mi web, me decía cuatro cosas y me dejaba tranquila el resto de la tarde.

Un buen profesor sabe cómo tratar a cada alumno; hasta qué punto exigirles, a quiénes meter presión y a quiénes no agobiar. Yo, desde la última fila, veía las maravillosas webs que hacían mis compañeros y me sentía inútil. Odiaba esa asignatura y si las horas de prácticas no se convirtieron en un suplicio fue por él. Pasaba por mi sitio de vez en cuando, me gastaba una broma, yo le decía que a mí lo que me gustaba era escribir. Y él me contestaba que eso era lo esencial, no que consiguiera insertar un botón interactivo en mi página web. Al final hizo la vista gorda y sé que no me aprobó la asignatura por cómo me manejaba con DreamWeaver o Photoshop, sino por el esfuerzo y porque le gustó el reportaje que había incluido.

Desde entonces me saludaba con una sonrisa siempre que nos cruzábamos en el porche de Fcom, uno de los gestos que más voy a recordar de la universidad. Y me da lástima que no fuera mi profesor en asignaturas de escritura, porque sé que ahí podría haber aprendido muchísimo más de él. De su forma de escribir, de su forma de ser. Y en concreto, de su ingenio al titular; aunque en esto sí que me ayudó todo lo que pudo —quiero pensar que llegará el día en el que consiga escribir titulares decentes en mis reportajes—.

Yo, de mayor, también me pido ser Paco Sancho. Y quién no.

–Amparo Fernández


Tuve la inmensa suerte de compartir con Paco el nacimiento del periódico “El Día 16 de Baleares”. Mi aportación a aquella novedosa empresa, comparada con la suya, es como enfrentar una gota de agua frente al mar. Pero me sirvió para conocerle y comprobar su gran preparación profesional y mejor calidad humana. De casta le venía, como hijo del gran don Francisco Sancho Rebullida, catedrático de Derecho Civil y del que fui alumno en la UNAV.

Desde Mallorca, mis condolencias para toda su familia (la de sangre y la periodística, claro).
Hoy todos estamos un poco más tristes por la pérdida de Paco. Pero, al menos a mí, me consuela que en la otra Vida, si Dios quiere, nos lo pasaremos en grande con él.

–Alvaro Pacheco


 

 

 

Deja aquí tu comentario con tu recuerdo o tu historia con Paco.
O escríbenos a stolpersteinblog@gmail.com o a @Stolperstein31 en Twitter.

6 pensamientos en “Paco Sancho, in memoriam

  1. Porque quizá sea eso lo que tienen los grandes maestros. Que saben sacar lo mejor de cada alumno. Algo que sé que continuará haciendo ahora. Nos seguirá ayudando a encontrar personajes para contar nuestras historias, a pulir los textos para que nunca dejemos de hacer periodismo, para que nunca adornemos con palabras que solo ensucian, para que nunca pongamos nada de más, y nada de menos. Ahora nos seguirá ayudado para dar con ese titular que no termina de convencerte… Porque él seguirá siendo un maestro. Y nosotros seguiremos siendo sus alumnos. Muchas gracias, Paco.

    Le gusta a 4 personas

  2. “Paco Sancho hablaba, miraba, escribía y vivía de la misma manera: Periodísticamente”.
    Ojalá existiese un adjetivo para ti, Paco (de esos que no te gustaban), para describir tus ideas, tus titulares brillantes y tu ironía.
    Tú fuiste quien confió en nuestro proyecto cuando ni siquiera nosotros los hacíamos. Fue una suerte llevarte de paquete en la moto durante esos meses. Hoy recuerdo con cariño la cena post proyecto, las copas y cada vez que te frotabas las manos y sonreías con cada página de Eurón. Tu “estoy muy muy orgulloso” y tus ganas de liarla en la presentación. Tus cigarros interminables y tus “joder Alis, me gusta lo que escribes”, entre calada y calada. El 23 de mayo me fumé mi primer -y último- puro a tu lado, mientras decidíamos cuál era el significado de “taimada”.
    Qué suerte tuve de que te cruzaras en mi camino. El periodismo se hace y se vive de otra manera después de escucharte. Esperanos sentados en tu rincón, Pacotto, con las piernas cruzadas y la barbilla apoyada en la mano, para fumarnos otro puro.
    “Yo de mayor me pedía ser Paco Sancho”
    Haste siempre, Pacotto.

    Le gusta a 2 personas

  3. Coincidí varias veces con Paco en la redacción de fcompass mientras aprendía a editar vídeos para la web. Su sentido del humor y agudeza para comentar la actualidad arrancaban carcajadas constantes. Al haber estudiado C. Audiovisual, no tuve la suerte de ser su alumno. Siento envidia de los estudiantes que sí lo fueron. DEP

    Le gusta a 1 persona

  4. Paco. Siempre te admiré. Tampoco fuiste el profesor con el que más trate de la facultad, pero tenías algo especial. Dabas a Fcom tu toque. Entre los profesores, lo tengo que admitir, me parecías el más periodista. Aunque no se si eso es bueno o malo 😉 Tu voz grave, tu pasión por la información pero, sobre todo, tu tranquilidad y simpatía, que envidiaba aquel veintañero que pululaba por la facultad un poco ansioso, son, ahora que lo pienso, las cualidades que más admiraba de ti. Me dirigiste el proyecto fin de carrera y te volcaste. Como un maestro. ¡Gracias profesor! Por cierto, cuando vaya por la facultad y no estés por allí sentiré que aquella es, un poco menos, el sitio en la que estudié, al que tanto cariño tengo y al que vuelvo de vez en cuando para no perder la cabeza en esta profesión -o sacerdocio- que es una absoluta locura. Un fuerte abrazo y acuérdate de este alumno de vez en cuando cuando charles con el Maestro en el Faustino del cielo. Dale buenas recomendaciones mías.

    Le gusta a 1 persona

  5. Paco, en serio…
    Si bajaba a la Facultad andando y veía donde la puerta la figura, entre británica y maña, de Paco —Pacotto viviendo la elegancia pulcra de fumarse un cigarro a conciencia—, me decía para mis adentros: “¡Dios existe! Se me va a arreglar el día!”.
    Me ponía a revisar mi archivo de gracietas para servir de cebo a Paco. Disparaba yo una tontería de nada, “Salen tres amigos que piden un taxi…”, y la maquinaria de ese hombre bueno, ingenioso y sutil echaba a andar.
    Daba igual qué género tocara Paco —de antología ese chiste estadístico suyo: “En el mundo hay tres tipos de personas: los que saben contar y los que no”— porque matemáticamente volvía a la orilla de la actualidad y salían a flote las cualidades que le crecieron en las redacciones y que dejó en herencia en FCOM a sus alumnos: saber contar con gracia, ser oportuno, mirar y mirar un texto de arriba abajo, tener los ojos respetuosamente abiertos, como a doble página, y echarse a recordar si eso le hacía falta de verdad al presente. Paco.
    De Paco aprendimos todos. Hasta de las historias de días ásperos que contaba para poner en su sitio las cosas, las gentes y sus nombres y esas a veces sombras. Yo le escuchaba porque Paco era un buen maestro. Un maestro fiel. Siempre acababa aquello igual: “Me encanta hablar contigo, Paco, pero casi me gusta más leerte. A ver una columna por ahí…”. Y él se sonreía.
    Dentro de un mes será una nueva Nochebuena y ya no habrá tiempo para ponerle calendario a ese chiste sabio tuyo sobre los propósitos más firmes de Año Nuevo: “Decidido: ¡Voy a dejar el inglés y a aprender de una vez a fumar!”.
    Que nos hayas dejado es el mundo al revés. Tenías que seguir aquí, con los exámenes, este semestre, y luego con el proyecto, metiéndole velocidad a la sangre de los de cuarto de Periodismo, que ponían la vida en cada página. Como tiene que ser. Ahora ya no va a haber tantas prisas, Paco, ni hora de cierre, Paco. Ahora vamos a dejar las cosas sin tocar, como estaban contigo. Al menos yo no pienso borrar lo que sale en Twitter, esa fila de letras que me parecen un titular perfecto: “Paco Sancho @pacotto TE SIGUE”. Y esa declaración de vida: “Periodista, profesor de Periodismo y consultor de medios de comunicación. Yo de mayor me pedía ser Paco Sancho”. Y más. Abrazo, Paco. No nos dejes.

    Le gusta a 2 personas

  6. Conocí a Paco hace unos 13 o 14 años. Fue una época de mucha actividad para mi, pues además de dar clases de Fotoperiodismo en Fcom, dirigí la revista de fotografía Contraluz, y todo lo compatibilizaba con mi “otro trabajo”.

    De Paco guardo el recuerdo indeleble de su amistad. La puerta de su despacho siempre estaba abierta para cualquier consulta. Siempre estaba a disposición de colegas, alumnos… Sus consejos eran fruto de la experiencia, del buen hacer, de su profesionalidad.

    Formaba parte del paisaje de la Universidad, ya disfrutando de las caricias del sol acariciando su tez, que contemplaba con sus ojos de niño travieso mientras disfrutaba de un pitillo, ya de una agradable conversación con sus alumnos.

    Ahora pienso que has sido el ejemplo discreto del profesor que todos quisiéramos ser.

    Un abrazo Paco,

    Juan Cañada

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s