Una pionera al volante

Historia 118
Por Irantzu Ibiricu

Hace medio siglo, cuando muchas mujeres españolas se dedicaban a ser amas de casa, María José Ibiricu Martínez promovió una empresa de transporte con su marido, y ella misma se puso al volante de uno de los autobuses, llevando y trayendo trabajadores de distintas empresas por buena parte de la geografía navarra. Hoy tiene 82 años y recuerda con una sonrisa aquella época: fue una pionera en un sector copado casi exclusivamente por hombres.

Autobuses María José sigue siendo una de las empresas de transporte más importantes de Navarra. Después de cincuenta años, la compañía dispone de una importante flota de vehículos gracias al esfuerzo y a la pasión que invirtieron en el proyecto María José y su marido, José Antonio Ibiricu, que falleció el año pasado.

María José Ibiricu en la época en la que se sacó el carnet de conducir autobuses. Fue una de las primeras mujeres españolas en lograrlo. FOTO: Cedida.

Los comienzos no fueron nada fáciles. María José tuvo que sumar la condición de luchadora a la de emprendedora: superó los estereotipos y los prejuicios de una sociedad anticuada y con su propia biografía dio un gran paso para la mujer española de entonces. “Las mujeres también podemos conducir”, lo resume. Hoy la frase resulta una obviedad, pero no lo era hace cincuenta años. Y menos si se trataba de conducir autobuses. Se presentó sin ningún tipo de miedo a la autoescuela y obtuvo el carnet a la primera, rodeada de hombres: “Era la única mujer de la sala, pero no me importaba”. Fue una de las primeras mujeres en tener el carnet de autobús de toda España.

La joven pareja pronto se hizo un hueco en el mundo del transporte. Apenas sabían nada al empezar, pero compensaron la inexperiencia con trabajo y dedicación. Al principio hacían viajes con un taxi de nueve plazas. Trasladaban a personas de todo tipo, incluido un grupo de músicos que tocaba en uno de los bares de Santacara, el pueblo donde vivían y donde estaba la base de la empresa. “Imagínate a nosotros en el auto con la música a tope detrás, al final te lo pasabas hasta bien”, recuerda María José de aquella época. Siempre se refiere al pasado con una sonrisa en la boca y con palabras de agradecimiento por todo lo que ha vivido gracias a su trabajo.

Compraron el primer autobús al poco tiempo y comenzaron a hacer viajes diarios a Pamplona, por la autopista. “Cogíamos peones de Marcilla, de Tafalla, de todas partes, y los llevábamos por la autopista hasta sus trabajos. Cuando llegábamos a Irurtzun, otra vez para abajo y vuelta a subir, igual eran cuatro viajes diarios por la autopista”, explica. Además, la familia contaba con una pescadería en Carcastillo, uno de los pueblos del Valle del Aragón, por lo que muchos días tanto María José como José Antonio tenían que bajar a echar una mano cuando habían dejado a los peones en Irurtzun.

Crear una empresa desde cero nunca ha sido sencillo, pero entonces lo era todavía menos. A las seis de la madrugada María José dejaba a su hija con su madre para que la cuidara durante todo el día. Y junto a su marido empezaba a hacer trayectos por toda Navarra, hasta más o menos las diez de la noche. Pasaban casi todo el día al volante del autobús. “Nos poníamos a cenar y nos llamaban entonces para concretar los viajes del día siguiente, no podías ni descansar prácticamente. Esto era lo peor, porque hasta el final del día no sabías donde ibas a estar al día siguiente”, cuenta.

María José Ibiricu junto a uno de los autobuses de la empresa familiar. FOTO: Cedida.

El trabajo en equipo del matrimonio era esencial para que no hubiera ningún tipo de contratiempo. En los viajes turísticos más largos, mientras José Antonio se dedicaba exclusivamente a conducir el autobús, María José se encargaba del recuento de los clientes y preparaba la documentación del hotel.

Uno de los eslabones principales de la empresa son sus conductores, todos ajenos a la familia, pero que con el tiempo se han convertido en buenos amigos. “Los chóferes siempre han estado muy contentos con nosotros y hemos tenido muy buena relación con todos, sin ningún tipo de problema, nunca se ha quejado nadie”, expresa. María José narra cómo incluso la relación con los peones que llevaba diariamente a trabajar también era impecable: nunca nadie se metió con ella y alguna vez que tuvo problemas mecánicos con el autobús, le ayudaron, ya que ella no sabía casi nada de mecánica. “Me reía mucho, me lo pasaba de primera”, afirma con una sonrisa.

María José Ibiricu en la actualidad. Hoy son sus hijos quienes llevan las riendas de la empresa. FOTO: Irantzu Ibiricu.

La empresa sigue en manos de la familia: sus hijos María José y José Antonio llevan hoy las riendas del negocio. María José se plantó hace ya un tiempo, después de prácticamente 35 años trabajando a diario.

Hace tres años el programa Tiramillas de Navarra Televisión visitó Santacara y José Antonio Ibiricu explicó entonces el porqué del nombre de la compañía: “Para hacerle un poco la rosca a la mujer”, confesó. A la vuelta de tantos años, ella lo recuerda con mucha emoción. Es el ejemplo más claro de la buena relación que mantenían. Gracias a ella y al trabajo y a la dedicación constante, pusieron en marcha una de las empresas de transporte más notorias de Navarra.

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