De Ucrania a Pamplona: historia de un refugiado

Historia 104
Por Isabel Rodríguez Maisterra

Misha Yatcyshyn, ucraniano de 29 años, lleva casi un año en Pamplona, integrándose en la sociedad navarra tras huir de una guerra que no es la suya.

El mensaje de la carta estaba claro: debía dejar su casa para unirse a las tropas del Gobierno e ir a la guerra. La carta estaba fechada en 2016. Misha Yatcyshyn era un joven de 28 años sin experiencia militar que, como tantos de sus compatriotas, no entendía la guerra en la que estaba envuelto su país, Ucrania. Lo que no podía imaginar en ese momento era que esa carta se iba a convertir en el billete de ida a un país tan exótico y desconocido para él como España.

Misha estudió dos años de Electromecánica en la Universidad por decisión paterna, pero los problemas con las matemáticas le llevaron a dejarlo y ponerse a trabajar. Estuvo en una inmobiliaria, en una empresa de venta directa… Ejerció ocho trabajos distintos en siete años. Fue entonces cuando llegó la carta a su casa. Tenía dos opciones: o la guerra o escapar. Hijo único y huérfano de padre, su madre no se opuso a que se fuera y, de alguna manera, le animó, pues no había futuro para él dentro del país.

Policía en las calles de Kiev durante las manifestaciones. FOTO: Ivan Bandura.

“No es mi guerra”

El conflicto empezó con las protestas en 2013 de miles de manifestantes en la Plaza de la Independencia de Kiev. Los ucranianos se movilizaron cuando el entonces presidente, Víktor Yanukóvich, se negó a firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea; también protestaban contra los abusos de corrupción cometidos por el Gobierno. El país está dividido entre los que apoyan los acuerdos con la UE y los que prefieren los tratados con Rusia. El conflicto ha dejado decenas de muertos, mayor tensión con la vecina Rusia y al país sumido en constantes crisis económicas, políticas e identitarias. Muchos ucranianos han dejado su país en busca de mejor vida.

“Si hubiera visto que mi familia estaba en peligro, que la guerra nos afectaba, entonces sí hubiera ido”. Pero esta no es su guerra, no es la guerra tampoco de la mayoría de ucranianos, que no saben por qué están en guerra ni contra quién. El Gobierno dice que contra Rusia, pero en realidad nadie allí lo tiene muy claro. Misha cree que Rusia y Estados Unidos están en guerra en suelo ucraniano, cada uno con sus intereses particulares. Ucrania sólo tiene la desgracia de estar “en mal sitio y mal momento”.

Ante la posibilidad de que fueran a buscarle a casa y le forzaran a luchar defendiendo una causa que no entendía, hizo gestiones para conseguir el visado y cruzó la frontera con Polonia. Allí se quedó unos cuatro meses. El Gobierno polaco no ofrecía asilo político y el permiso de estancia en ese país le caducaría en pocos meses. Trabajando en la construcción para mantenerse, conoció a un chico que le dijo que tenía una tía viviendo en Madrid que podría ayudarle. Misha había oído que en España sí había ayuda para refugiados políticos, así que, habiendo encontrado este contacto en la capital española, decidió ir a probar suerte.

Manifestantes en las calles de Kiev. FOTO: José Luis Orihuela.

Asilo político en España

Estuvo un mes en la casa de esta mujer en Madrid hasta que pudo ir a la Policía a contar su situación y pedir asilo político. Los servicios sociales se hicieron cargo de él y le dieron a elegir entre varias regiones de España para instalarse. Misha eligió Pamplona. Acostumbrado a un invierno con temperaturas de hasta 20 grados bajo cero, el sur se le hacía demasiado caluroso, por eso, y porque le habían dicho que la calidad de vida era más alta, eligió el norte.

En febrero de 2017, Misha llegaba a Pamplona, donde le recibió un voluntario de la Cruz Roja, Fernando, “muy buena persona”. Esta institución es la que se hace cargo de los inmigrantes y refugiados para integrarlos. Al llegar les ofrecen clases de español y cultura española. También les proporcionan un lugar de residencia y dinero para comida. Pasan por varias fases de integración hasta que se manejan en el idioma y consiguen trabajo.

España le gusta porque es un país rico y en Pamplona está muy contento: “Me encanta el tiempo, me encanta la ciudad”. Le llama la atención la amabilidad, la buena acogida de la gente y que haya tantos coches “normales”, ni muy ricos ni muy pobres. Porque en su país la diferencia entre los coches es abismal, reflejo de que apenas hay clase media. Según cuenta, en su país las desigualdades sociales son muy fuertes: un 5% de la población posee el 95% de la riqueza ucraniana. Además, la corrupción es muy fuerte y se extiende a toda la sociedad, no sólo a la clase política. “Si quieres un carné de coche, no hay problema, lo compras. Todo se puede conseguir con dinero”. Eso tiene su contrapartida: “Nada es gratis, si te estás muriendo delante de un hospital, nadie te atiende a no ser que pagues”.

Manifestante en la Plaza de la Independencia de Kiev. FOTO: Iván Bandura.

¿Una ayuda diferente?

Misha no encuentra las palabras en español para expresar en qué consiste aquello que hace “diferente” a la ayuda que ha recibido en Pamplona. Se refiere a la Agrupación Universitaria por Oriente Medio (AUNOM), liderada por Santiago Martínez, profesor de la Universidad de Navarra. Misha participa en las actividades que realizan, como planes familiares en los que se juntan familias navarras con familias de refugiados.

AUNOM surgió para dar respuesta a los interrogantes ante la situación en Oriente Medio mediante conferencias con expertos, periodistas y testimonios de refugiados. En los últimos años han organizado actividades de voluntariado en favor de los refugiados que llegan a Navarra: clases de español, equipos de deporte, planes de ocio, planes familiares… El objetivo es integrar a los refugiados y sus familias.

Los ucranianos que, como Misha, han huido de su país tratan de integrarse en los lugares que les acogen porque tienen pocas esperanzas de volver a un país en el que sienten que nada va a cambiar.

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