La doble vida de los bomberos voluntarios

Historia 96
Por Rubén Elizari

Goizueta, una localidad del norte de Navarra rodeada de montañas, cuenta con un parque de bomberos singular: todos sus miembros son voluntarios. Muchos dieron el paso después de haber presenciado en directo rescates e incendios. “Éramos conscientes de que debíamos organizarnos y actuar”, lo resume uno de ellos.

Las primeras semanas de noviembre del año 1995 fueron especialmente complicadas para los bomberos de Navarra. El calor inusual para la época, la falta de precipitaciones, unida a la quema descontrolada de pastos en la zona de Baztan y las rachas de viento, hacían que sus jornadas fueran interminables. Apenas daban a basto para sofocar todos los fuegos. Las condiciones contra las que luchaban dejaban en claro desequilibrio las fuerzas de la contienda y daban toda la ventaja a las llamas. Y por si fuera poco, a su lista de incendios se añadió otro más.

El 9 de noviembre de 1995 el tañido incesante de las campanas rompió la tranquilidad de Goizueta , una recóndita localidad rodeada por un sinfín de montes y situada en la muga con Gipuzkoa. Para acceder, tanto desde Pamplona como desde Hernani, en el País Vasco, hay que recorrer un sinuoso y estrecho puerto de casi 20 kilómetros de constantes curvas y contracurvas. Ese jueves había comenzado a arder un pinar. Entonces, Jasone Huici Lujambio, una joven de Goizueta , trabajaba como enfermera en esa localidad. Era la mayor de tres hermanos. Tenía sólo 24 años. El 31 de marzo de 1996 habría cumplido los 25. “Acudió a intentar ayudar a su tío. Ya nunca más volvió. Murió asfixiada”, recuerda Ibon Elizegi Narvarte, ahora con 43 años, y que años más tarde acabaría ganándose la vida como bombero, quizás por todo lo que ocurrió aquel fatídico día.

La muerte de Jasone, una chica alegre, querida y con toda una vida por delante, golpeó con dureza la conciencia de todos los habitantes de Goizueta . Todos la conocían. Ella les había atendido un sinfín de veces en el consultorio médico, donde trabajaba después de haberse graduado en la Universidad de Navarra. Pero la tragedia no paralizó Goizueta. Sus 2.000 vecinos empezaron a pensar en las soluciones.

“Goizueta se encuentra aislada. Siempre lo ha estado, y cuando había un incendio se intentaba apagar en auzolan. Carecíamos de medios y de formación. Éramos conscientes de que debíamos organizarnos y actuar. Los parques más cercanos son los de Alsasua y Oronoz-Mugaire. En un camión autobomba les cuesta llegar más de una hora y media. Para entonces, ya puede ser demasiado tarde…”, relata Ibon Elizegi que entonces, además de trabajar en la empresa de su padre, era concejal. La voz de su mujer, Eli Salaberria Loyarte, profesora de inglés en Leitza, y también bombero voluntario, aún se quiebra cuando recuerda a Jasone, una de las amigas de su cuadrilla.

Así, apenas dos años después de aquel fatídico día, un sábado 7 de junio de 1997, como atestigua la hemeroteca, 26 vecinos de Goizueta y de los alrededores superaban el curso de la Escuela de Seguridad para ser bomberos voluntarios y estrenar el parque que un año antes se había inaugurado. Los vecinos de Goizueta habían decidido unirse para seguir los pasos que ya habían dado otras localidades navarras como Bera, que en marzo de 1991 había inaugurado el primer parque de bomberos voluntarios de Navarra.

20º aniversario en Goizueta
Este año se conmemora el 20 aniversario del parque de Goizueta . “La situación desde entonces ha mejorado. Gracias a la labor de concienciación hay muchas menos quemas descontroladas que acaban provocando un incendio”, dice Ibon Elizegi. Él, junto con su hermano Luis y Ángel Salaverría Escudero, son los únicos tres bomberos voluntarios que aún quedan de aquella primera promoción. Como este parque de voluntarios, existen distribuidos en toda la geografía foral seis más: Aoiz, Bera, Isaba, Leitza, Lesaka y Luzaide-Valcarlos, inaugurado en octubre de 2003.

Gracias a ellos se han salvado un buen número de vidas. Ellos no sólo son bomberos voluntarios. Trabajan como profesores, albañiles a pie de obra, mecánicos, operarios o camioneros. Y también son padres y madres que han de atender a sus hijos. No cobran absolutamente nada. Son héroes anónimos cuya mayor gratificación la reciben de aquellas personas a las que ayudan, aunque para ello, tengan que sacrificar la cena de Nochebuena, como ocurrió este año cuando se declaró un incendio forestal, o incluso jugarse el tipo y acabar ingresado en un hospital por una intoxicación por inhalación de dióxido de carbono, como le ocurrió a Migueltxo Zugarramurdi Cestau, operario de la construcción de 52 años, que unas horas después de recibir el alta, y casi sin tiempo para recuperarse, ya estaba otra vez subido en un andamio colocando ladrillos. Contándoles a ellos, el número de bomberos voluntarios de la Comunidad foral asciende a 146. Las estadísticas de Protección Civil del Gobierno de Navarra indican que durante todo 2015 los diferentes grupos de bomberos voluntarios de Navarra fueron movilizados en 136 ocasiones. Casi tres veces por semana. Así es su vida.

El equipo de bomberos voluntarios de Goizueta. JESÚS CASO

Las caras de la salvación
Los segundos se convierten en minutos y los minutos en horas cuando tu casa arde y las llamas te sorprenden en su interior. Xabier Cueto Martín, profesor de geografía e historia, no olvidará jamás ese amanecer en su casa de Arano. Como tampoco puede borrar de su mente la sensación de alivio cuando aparecieron los bomberos voluntarios de Goizueta . Años después, él también se enfundaría ese uniforme. Es más, aunque el Gobierno de Navarra les suministra todos los equipos y material necesario, él, para ganar tiempo y no pasar por el parque de bomberos cuando hay una emergencia (de Arano a Goizueta hay 40 minutos en coche), paga de su propio bolsillo las medicinas con las que práctica los primeros auxilios a los accidentados o rescatados que debe atender: “Llevo agua oxigenada, vendas… Mi mujer me regaló un botiquín. No me importa pagarlo. Sé que gano tiempo”.

Mirari Etxegia Perurena tampoco puede olvidar los traslados en ambulancia que realizaron los bomberos voluntarios a sus padres cuando estaban enfermos. Esta profesora de infantil también viste el uniforme de los bomberos después de haber superado, al igual que el resto de los 30 voluntarios que forman el parque de Goizueta , tanto la parte teórica como la práctica de un curso de formación. “Todos hemos tenido en nuestras vidas algún momento que nos ha marcado. Hubo un día en el que nos ayudaron a nosotros y nosotros ahora queremos devolver esa ayuda. La solidaridad es muy importante es nuestro pueblo”, asegura Mirari Etxegia.

Ibon Elizegi Narvarte, responsable del parque, explica que el número de voluntarios depende del número de seguros que les proporcionan desde el Gobierno de Navarra: “Ahora mismo tenemos dos jóvenes en lista de espera. Harán el curso en cuanto alguien se dé de baja”, relata.

El día a día de cada uno de estos 34 voluntarios transcurre con total normalidad. Acuden a sus puestos de trabajo o juegan en la plaza con sus hijos. Hasta que reciben un mensaje de SOS Navarra en sus teléfonos móviles.

“Imagina que ahora mismo ocurre algo cerca de nuestra zona. Nos llegaría a todo el grupo un mensaje al móvil de SOS Navarra en el que nos dirían que si estamos libres que llamemos”, cuenta Martín Etxeberria Aranaz, profesor de primaria. Los mensajes llegan a los miembros del grupo en orden alfabético. “Si estás trabajando o no puedes dejar a los hijos con nadie, no vas. Depende del momento en el que te pille. Si puedes ir, llamas. A veces, te dicen que no hace falta que acudas porque ya disponen de los efectivos necesarios”, cuenta Martín. Eva Elizegi Narvarte, profesora de inglés, señala que antes, cuando empezaron y sólo había teléfonos fijos, era mucho peor: “Antes utilizábamos buscas. Esto nos obligaba a estar en Goizueta . Ahora, cuando nos llega el mensaje, incluso nos llamamos entre nosotros para organizarnos”.

Las emergencias que tienen que atender son variadas. Rescates de montañeros o senderistas que se pierden, accidentes de tráfico, traslados médicos e incendios forestales. Buena parte de los 34 miembros del grupo son Ata (Auxiliar de técnico de ambulancia). “En todas las emergencias tenemos que llevar la ambulancia. Aparte, también ayudamos a los bomberos profesionales aconsejándoles sobre cuáles son los mejores caminos para acceder a los lugares”, dice, Eli Salaberria Loyarte, profesora de inglés en Leitza que aún recuerda la reacción de sus alumnos cuándo la vieron vestida de bombero en una fotografía que publicaba una revista local. “Les llamó mucho la atención. Durante todo el recreo me decían ‘Eli, la bombero’. Les chocó mucho”.

Ser bombero voluntario también tiene una cara amarga: “Cuando te avisan para atender una emergencia, un rescate o un accidente de tráfico sabes que vas a tener que atender a alguien que conoces. No sabes si te vas a encontrar con un amigo o incluso un familiar”, señala Xabier Cueto.

Para estar preparados para cualquier emergencia cuentan con dos médicos destinados en Goizueta . Además del curso obligatorio inicial, realizan el último sábado de cada mes prácticas: montar y desmontar mangueras, inmovilizar a un herido, uso de las comunicaciones… A la hora de la verdad nada puede fallar.

Uno de esos momentos de la verdad le sorprendió a Jabier Apezetxea Elizalde, mecánico, conductor de autobús de 47 años y padre de dos hijos, de trece y quince años, en su taller. Bombero voluntario desde hace una década, asegura que jamás podrá olvidar ese rescate. Ya empezaba a caer la noche cuando le llegó el aviso de un grupo de unas 30 personas, entre ellas también había niños, que se había desorientado en el monte: “Llevaban todo el día perdidos y dando vueltas. Su guía era incapaz de encontrar el camino de regreso. Se encontraban exhaustos. Desde SOS Navarra me indicaron dónde se encontraban. Conocía el lugar. Podía llegar con el autobús. Dejé lo que tenía en el taller, pregunté a SOS Navarra si podía ir en autobús y me dieron el permiso. Aún recuerdo las caras de alegría del grupo cuando llegué. No sólo lo vi en sus caras. Me recibieron con aplausos”.

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