De vuelta a Venezuela

HISTORIA 86
Por Mateo Echeverría

Carolina es estudiante de medicina en España. Tenía sospechas que dejar su país para formarse en otro era la mejor opción en ese entonces. Ella pensaba que los males políticos iban a desaparecer y no se imaginó que esos problemas terminarían por plasmarse en los económicos y sociales, hasta pasar tocando la puerta de su casa. Ahora que dentro de poco tiempo tendrá que decidir qué hacer, quiere volver con su familia y patria, aunque tema que ello carezca de sentido.

Por cuestiones personales la persona entrevistada ha preferido no usar su verdadero nombre para la entrevista. Sin embargo, lo importante no son los nombres, sino las historias que están detrás de ellos.

Venezuela es un país que lo tenía todo y lo ha ido perdiendo debido al sufrimiento de un desgaste político que comenzó a finales de los años noventa. Este desgaste producido por las artimañas de los políticos con sus discursos manipuladores afectan al día a día de los ciudadanos. Carolina relata que “le impresiona que algo como la política pueda influir en todos los aspectos de la vida ordinaria”.

La familia de Carolina reside en Caracas, o por lo menos lo que queda de ella. En la casa donde solían vivir todos ya solo están el padre, la madre y la abuela con sus noventa y nueve años. Las hijas se han ido una a una. La primera no se fue por la situación del país, ya que partió antes de que la situación agravara. La segunda la siguió –con más urgencia– y Carolina, la hija menor, dejó su hogar con el corazón roto sin pensarlo dos veces.

“La actitud de mis padres durante todos estos años ha ido cambiando” comenta la hija. El desgaste de la situación social se refleja en ambos; sobre todo es evidente en el padre ya que como cualquier buen médico con vocación, el plantearse dejar el servicio y el deber no es otra cosa más que una manifestación de la extrema urgencia que están viviendo.

Admite que su experiencia personal no es tan fuerte como la que puede tener una persona que continúe viviendo ahí. Por otro lado, el hecho de visitar su país cada cierto tiempo le da mayor visibilidad y perspectiva para dar cuenta de los cambios que se han ido produciendo. Relata que a través de un sistema insostenible, los políticos los han ido matando poco a poco. No habla de violencia física, la que es harto sabido que también hay, sino que se refiere a una vida donde les restringen la libertad, destruyen todo lo construido con sus propias manos, hasta dejarlos con una vida que carece de sentido.

Carolina opina que como los cambios se han producido poco a poco, la gente no imaginó llegar a los extremos en los que se encuentran. En su relato todo comienza así: los bienes comienzan a ser escasos; pasa el tiempo y los precios comienzan a subir; los supermercados dejan de estar llenos de productos; luego, están las grandes colas y la posibilidad de comprar un solo producto; comienzan a aparecer los “bachaqueros” o los contrabandistas; a estos se les paga para que vayan a hacer cola a otros supermercados de barrios populares o no tan seguros.

La última novedad son las nuevas máquinas para leer huellas que se usan a la hora de hacer la compra. Estos lectores de huellas aseguran que la persona que vaya a hacer la compra sea la establecida y que la misma persona solo pueda ir al supermercado que tiene que ir. Le da mucha pena pensar que “hay familias con ocho hijos que pueden comprar la misma cantidad de leche que otra familia que no los tiene”.

Por otra parte, reconoce que toda esta situación ha fortalecido el vínculo familiar y los ha unido a pesar de la distancia geográfica. “Nos ha hecho madurar, nos ha hecho fuerte como familia y, sobre todo, nos ha hecho admirar a nuestros padres por el esfuerzo que hacen cada día”. El esfuerzo no es solo seguir viviendo ahí cumpliendo con todas sus responsabilidades de todo tipo, sino que el verdadero esfuerzo es el aparentar que todo va bien para que las hijas no se preocupen.

El nivel de incertidumbre es insoportable, no saben qué pueda pasar mañana, pero no se han desmotivado cuenta Carolina. Sobre todo la motivación de la protagonista no se ha caído y su intención es de volver, volver para ayudar a su familia con todas las tareas y desde luego a su país al que quiere con devoción. Ella cree que gran cosa no podrá hacer, pero desde luego quedarse con los brazos cruzados no es una opción. Según la entrevistada, la fuerza y su motivación a no perder la esperanza le viene de sus propios padres que “aun desesperados siguen trabajando, no se han ido y van para adelante”. Esa capacidad de sacar fuerzas cuando ya no las hay, es lo que la llena a ella de ilusión para creer que nunca es tarde para enmendar los errores hasta ahora hechos. A pesar de llevar un tiempo viviendo afuera, ella nunca se ha olvidado de donde viene y gracias a ello sabe a dónde quiere ir.

Por último, Carolina quiere que los españoles reflexionen y tengan cuidado. Dice que hay que prestar atención a lo que dicen los políticos todo el tiempo: en España hay políticos que hablan con discursos que dividen y son similares a los que han funcionado en Venezuela. Nos recuerda que la política sí importa y no hay que hacer oídos sordos a experiencias que son tan humanas, tan comunes a todos.

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