Un ángel llamado Pep

HISTORIA 85
Por Blanca Gil de Sola

Ágata Carreras empezó su gran aventura cuando se casó con tan sólo 21 años. Después de cinco años, ha tenido tres hijos: Ignasi, de tres años, Alegría, de seis meses y Pep, que vivió poco menos de cuatro meses debido a una cardiopatía. Ágata cuenta que su familia le ha dado en este tiempo muchos regalos. Sobre todo, aprendió de Pep “lo grande que puede ser la vida incluso en un niño tan pequeño”.  Ágata tiene un blog y una cuenta de Instagram en los que cuenta su historia y su día a día.

Licenciada en Comunicación Audiovisual, Ágata ha trabajado en varios empleos pequeños  y actualmente lleva a cabo proyectos de comunicación online para empresas desde casa. Su profesión le apasiona, pero ahora debe compaginarla con algo mucho más grande: su familia. En 2011 se casó con Ignasi Guerrero y después de cinco años tienen tres niños: “Dos aquí y uno en el Cielo”, precisa ella.

Ágata empezó su blog cuando su hijo Ignasi (Nani) tenía diez meses y estaba embarazada de Pep. Al principio lo utilizaba para compartir planes de familia, consejos para mamás, recetas de cocina y otras cosas prácticas. En esa época, a los tres meses de embarazo, los médicos detectaron que la criatura que iba creciendo en su interior padecía síndrome de Down y una cardiopatía. Tuvieron miedo, no por la discapacidad, sino por las posibilidades de perder al bebé a causa de la debilidad de su corazón. El síndrome de Down no nos preocupaba, incluso nos hacía ilusión. Sabíamos que nos llevaría más trabajo ayudarle a desarrollar sus capacidades y que habría muchas luchas en su vida. Pero también sabíamos que cada paso que diera sería una gran victoria”.

Ignasi y Ágata decidieron esperar, rezar y llevar esa lucha con la mayor alegría posible. Eran conscientes de que los primeros meses de su hijo iban a ser difíciles.

“Preguntábamos siempre que teníamos dudas, nos informamos sobre los protocolos de la UCI donde nacería el bebé para hacernos una idea de cómo serían sus primeras semanas, si podríamos estar con él todo el tiempo”, explica Ágata. Pep nació el 6 de junio de 2014. Pesaba 2,800 kilos y al cabo de unas horas ya le pusieron soporte para respirar. Con diez días le hicieron la primera operación, cuya recuperación fue lenta y con alguna complicación. Finalmente, con dos meses y medio pudieron llevarlo a casa durante cuatro semanas. Felices de poder estar todos juntos, la familia aprovechó esos días como si fueran una vida entera.

Ágata Carreras e Ignasi Guerrero con sus hijos Ignasi y Pep.

Sin embargo, pronto tuvieron que ingresarlo otra vez para una intervención más complicada. “Sabíamos que esta operación llegaría, pero  no esperábamos que fuera tan pronto. Acabábamos de llegar a casa y ya teníamos que volver al hospital”, narra Ágata. La operación fue bien pero el cuerpo de Pep no reaccionaba de forma satisfactoria y estuvo en estado muy crítico durante varios días.

“Tal como habíamos hecho antes, pedimos oraciones a amigos y familiares. Empezó una cadena de mensajes pidiendo oraciones que llegó a gente que no conocíamos pero aún así rezaba por nuestro pequeño” , recuerda Ágata emocionada. Al cabo de una semana, los médicos anunciaron que no se podía hacer más y les dieron unas horas para despedirse.

“Después de llorar y abrazarnos, Ignasi y yo decidimos aceptar lo que venía y ante todo estar muy unidos. Los siguientes momentos los vivimos con mucha paz, sabiendo que nuestro hijo se iba directo al Cielo“,  cuenta ella.

El pequeño Pep con su hermano Ignasi. Los cuatro meses que la familia disfrutó de Pep fueron muy felices.

Pep murió el 1 de octubre de 2014 poco antes de medianoche en brazos de su madre y sin sufrir nada. Aunque al principio fue muy triste, saben que los doctores hicieron todo lo posible y ellos mismos se esforzaron porque su hijo fuera feliz durante su corta vida. Eso es lo que hace que Ágata recuerde ese tiempo con alegría:”Pep vivió casi cuatro meses y fue un bebé amado, mimado y que disfrutó del cariño de su familia y de todos los que lo conocían. Cada día nos dio motivos para seguir luchando”.

Desde el principio hasta el final, Ágata resulta ser un gran ejemplo de felicidad, fe y superación. Cuando supo lo que le iba a pasar a su hijo, decidió apartar de su mente la idea de que podría morir. No fue una inconsciente, sino que decidió ser positiva y disfrutar de todas las cosas buenas que le pasaban. “Creo que, si vives con miedo, no puedes ser feliz”, señala. No se atribuye ningún mérito, sino que todo lo que ha aprendido dice que lo debe a su hijo. “Cuando ves a un bebé enfermo que nunca ha conocido lo que es estar sano, pero ves que sonríe, que está a gusto, que se queda dormido en tus brazos con paz, te das cuenta de que se puede ser feliz con muy poco. Te das cuenta de que a veces somos muy flojos y no valoramos todo lo que nos regala la vida”.

Desde entonces Ágata sabe que lo realmente importante es estar unida a su familia y luchar con ilusión a pesar de los problemas. “Creo que todo el mundo busca ser feliz y cuando tienes un hijo enfermo te das cuenta de que verle sonreír te da la felicidad que buscabas”. Con ella coinciden otros padres que se encuentran en situaciones parecidas. Todos saben distinguir gracias a sus hijos lo que es superficial y lo que no, y cómo el darte totalmente por otra persona te hace sentir bien y en paz a pesar de la pena.

“Pep vivió casi cuatro meses y fue un bebé amado, mimado y que disfrutó del cariño de su familia y de todos los que lo conocían. Cada día nos dio motivos para seguir luchando”, cuenta Ágata, su madre.

Tras esta época tan difícil para ellos, les llegó una bendición: una niña. Por eso, después de todo el sufrimiento, decidieron ponerle de nombre Alegría, porque les ayudó a dar un paso adelante en sus vidas. “Yo deseaba traer de vuelta a Pep con todas mis fuerzas, aunque sabía que no podía y aunque pasaba el tiempo lo seguía echando de menos. Tener a Alegría me ayudó, la tengo en mis brazos siempre que puedo”, confiesa Ágata. Ella afirma que jamás olvidará a Pep y que un hijo no sustituye a otro; sin embargo, tener a su hija les ha recordado que la vida sigue y ellos también.

En el blog “Las orejas de Tití” , Ágata explica más sobre su experiencia con Pep y su vida como madre. También sigue publicando artículos que ayuden a otras madres y pequeños diarios sobre su vida en familia y su día a día. El nombre se debe a su hijo mayor, Nani. “Quería que tuviera relación con mi hijo y por eso cogí el nombre de su peluche favorito, Tití”.  Gracias al hecho de poder escribir su historia y compartirla, pudo asimilar mejor el fallecimiento de su bebé. Al final de un email en el que explica todas sus vivencias, Ágata escribió esto: “Creo que ahora soy más consciente de que todas las historias tienen su dificultad y la vida no es de color de rosa, pero eso no significa que no podamos vivir con alegría :)”.

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