El hilo de la vida

HISTORIA 84
Por Gonzalo Araluce

El fotógrafo Mike Welles llegó a Uganda en 1980 dispuesto a retratar lo que estaba ocurriendo en uno de los países más castigados de África. Una de sus imágenes logró condensar todo el sufrimiento de aquellos meses.

Pocas veces la trastienda de una fotografía encierra una historia como la que ganó el World Press Photo en 1981. Por entonces, Uganda arrastraba las heridas abiertas por Idi Amin, dictador recordado por su crueldad y sed de sangre: bajo su mandato, que se prolongó desde 1971 hasta 1979, el régimen ugandés asesinó a entre 100.000 y 500.000 personas. Idi Amin fue depuesto en 1979 tras lanzar un ataque contra Tanzania que fracasó estrepitosamente y, durante más de un año, varios presidentes provisionales trataron de restaurar, con mayor o menor éxito, la democracia en Uganda. Fueron los meses del silencio.

Durante aquella guerra kamikaze contra Tanzania y su posterior deposición, decenas de periodistas –quizá cientos– trataron de flanquear aquella muralla natural que constituyen las enormes cumbres que rodean Uganda. Ébano, de Kapuscinski, refleja esta historia con detalle. Tras la pasión informativa inicial, muy pocos se preocuparon por lo que ocurría con las migajas de aquel país agonizante: las huelgas del acero en el Reino Unido, las negociaciones entre Breznev y Carter sobre la retirada soviética de Afganistán o la crisis de los rehenes en Irán eran los temas candentes en las páginas de internacional de los periódicos; en África, además, Samuel Doe tomaba el poder en Liberia tras un golpe de Estado. Poco espacio quedaba para la hambruna que, vestida con sayo y armada con guadaña, arrancaba miles de vida en Uganda.

Mike Wells era un joven fotógrafo dispuesto a retratar lo que estaba ocurriendo allí. Como otros muchos compañeros de profesión de aquella época, Wells había comenzado su carrera como asistente de fotografía. Era británico, tenía 19 años y un saco de inquietudes. Aprendió las técnicas necesarias para manejar una cámara y comenzó a trabajar como freelance en 1974. Tras publicar varios reportajes, Save The Children UK se fijó en su trabajo y en 1980 le propuso viajar a Uganda para “dar voz a los sin voz” (expresión que un par de décadas más tarde utilizaría el periodista español Miguel Gil Moreno de Mora para definir el por qué de su trayectoria).

El escenario que se dibujaba ante los ojos de Mike Wells no debió de resultar fácil de asimilar. En varias entrevistas –las pocas que concedió– admitió los desvelos que le supuso fotografiar la fragilidad de aquella existencia; la más mínima perturbación, apenas una brisa de viento, podría ser suficiente para despojar a aquellos seres humanos de lo único que parecía quedarles: su último aliento.

La imagen de Mike Welles se publicó en la revista Life y ganó el premio World Press Photo.

Mike Wells tomó muchas de sus fotografías en la región de Karamoja, una de las más afectadas por la crisis. Debió de sentir la responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias y mandó algunas de sus instantáneas a varias publicaciones. “No hubo nadie que estuviese especialmente interesado en aquellas fotografías”, explicaría Wells, tiempo después, a la revista Holland Herald.

Cinco meses más tarde, la revista Life ilustraba su portada con el trabajo del fotógrafo británico. La imagen, por su sencillez, resultaba desoladora: la mano de un misionero sostenía la de un niño ugandés; el pequeño estaba tan demacrado que, en verdad, parecía que el religioso sostenía el hilo de su vida. Con esta imagen, probablemente la más sencilla en aspectos fotográficos que Wells capturó en su carrete, el mundo volvió a centrar su atención en Uganda. La revista Life, sin que el reportero lo supiera, presentó la imagen al World Press Photo. Y ganó.

Aquello despertó las tribulaciones de Mike Wells, contrario a que se premiasen imágenes que reflejasen tales injusticias humanas: “No parece muy inteligente ganar premios con fotos de gente muriendo por desnutrición”, explicaría el reportero en la entrevista publicada por Holland Herald. “Además, Life no actuó bien –añadió–. Guardaron aquella fotografía durante cinco meses antes de publicarla. Hacer eso, mientras la gente está muriendo de hambre, está mal. El niño de la imagen ya está indudablemente muerto”.

Tras la vorágine que le supuso a Mike Wells ganar el World Press Photo, siguió trabajando como fotógrafo, en un recorrido que prefiere mantener al margen de aquel galardón. Apenas ha concedido entrevistas y en su página web (http://mwellsphoto.com/) es imposible encontrar ninguna referencia a aquella instantánea que dio la vuelta al mundo.

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