Signos del silencio

HISTORIA 77
Por Teresa Ausín

¿Cómo hablar a quien no puede oírte? En España, cerca de un millón de personas padecen algún tipo de sordera, algo que, en muchos casos, dificulta la comunicación. Y les separa. Por eso, desde hace más de 50 años cientos de voluntarios y sacerdotes,  como Alfonso De Alarcón o Xavier Pagès, trabajan en la Pastoral del Sordo con un objetivo: romper la barrera del silencio. Quieren ofrecer a los sordos las mismas experiencias espirituales a las que cualquier otro creyente tiene acceso. Carmen, Emilio, Ramona, José Miguel y Arantza son cinco ejemplos de tantas personas que aunque no oyen, desean vivir y compartir con otros su fe. Y Navarra es una de las 24 diócesis españolas que les da la oportunidad.

En España, alrededor de 1.250 personas acuden semanalmente a misa en lengua de signos. Las parroquias se convierten para ellos en un punto de encuentro y diálogo; de una conversación espiritual y amistosa que no encuentran en otros entornos y que, en Pamplona, tiene lugar cada sábado por la tarde en la parroquia de San Alberto. Y todo gracias a Don Josetxo, un sacerdote al que no le importa viajar desde Madrid para encontrarse con los protagonistas pamplonicas de esta historia.

Carmen tiene 79 años, es de Mélida y no es sorda de nacimiento. Pertenece a ese pequeño porcentaje de “sordos postlocutivos”, que pierden la audición después de aprender a hablar. Sus problemas empezaron cuando tenía 13 años, y a los 29 ya no podía oír nada. Pero lejos de separarle del mundo, eso le dio a Carmen una causa para luchar por la integración de este colectivo. “Los demás tienen mucho más mérito”, confiesa. Esta enérgica mujer tiene una técnica muy sencilla para sobrellevar la discapacidad: “Me levanto por la mañana y me digo: voy a sonreír”. Y lo cumple.

Don Josetxo, Arantza, Emilio, Carmen, José Miguel y Miguel Ángel. CEDIDA

Don Josetxo, Arantza, Emilio, Carmen, José Miguel y Miguel Ángel. CEDIDA

Aún así, reconoce con emoción que “ser sordo es muy duro”, y por eso disfruta yendo a misa, porque le ayuda a tener paciencia. “Voy a misa porque puedo, y porque quiero”, asevera. Carmen conoció hace años a Emilio, José Miguel, Arantza y Ramona en Asorna (Asociación de Personas Sordas de Navarra). Sordos que, como ella, tenían una gran inquietud espiritual. Mateo fue el primer sacerdote en ir a su encuentro, y desde entonces, las misas en lengua de signos les han convertido en un equipo inseparable. Comenzaron a celebrarse en 1974 en Asorna, luego en la parroquia La Asunción y ahora en San Alberto. Aunque en el caso de funerales, o en festividades como Semana Santa, las misas aún se celebran en Asorna.

Evangelios en 3D
Las personas sordas viven una realidad distinta a la del resto de fieles, y por eso la Iglesia quiere adaptarse. En Barcelona han propuesto instalar wifi en las iglesias para que los fieles que no pueden oír sigan la misa del domingo a través de sus móviles o tabletas sin moverse del banco. Para ello, están trabajando con la Iglesia Evangélica con el objetivo de elaborar una versión en 3D de la Biblia. Así, las personas sordas podrán visualizar en lengua de signos las lecturas de ese día al mismo tiempo que el sacerdote las lee desde el altar. De momento, han terminado el Evangelio de San Marcos.

En el XXV Encuentro de la Pastoral del Sordo en El Escorial. CEDIDA.

En el XXV Encuentro de la Pastoral del Sordo en El Escorial. CEDIDA.

Ademas, la Conferencia Episcopal Española anunció en diciembre que una docena de iglesias instalarán bucles magnéticos (un sistema de sonido que transforma el audio en un campo magnético que captan los audífonos) para que las personas con discapacidad auditiva puedan seguir la misa sin dificultades, gracias a un acuerdo con la Fundación ONCE. No obstante, estos bucles no les servirán a las personas sordas, sino solo a aquellas con problemas de audición. Pero poco a poco, se va avanzando.

Toda ayuda es poca
En nuestro país, colaboran en la Pastoral del Sordo alrededor de 173 personas, algunas de las cuales también son sordos. Los problemas a los que se enfrentan son varios. El primero, la dispersión. Solo hay una parroquia para sordos en cada diócesis, y eso obliga a muchas personas mayores a realizar largos trayectos. Muy poca gente conoce esta realidad porque, ¿cuántas personas que no tengan familiares o amigos sin audición conocen su lengua?

Alfonso De Alarcón tiene 23 años y es una de ellas. Graduado en Diseño Industrial en Barcelona, estudia ahora 2º en la Facultad Eclesiástica de Filosofía, en la Universidad de Navarra. Hasta hace tres años no conocía nada de este mundo, pues no tenía amigos ni familiares con sordera. Pero entonces conoció a Mossèn Xavier Pagès, el único sacerdote que predica en la lengua de signos catalana, que le invitó a una de sus misas en Barcelona, y le cautivó. “Es una realidad que me atrae a nivel social, personal y pastoral”, reconoce Alfonso.

Emilio, Arantza, Alfons y Rosana. CEDIDA.

Emilio, Arantza, Alfonso y Ramona. CEDIDA.

El sacerdote catalán que se la dio a conocer aprendió este lenguaje hace 22 años, con apenas 28, porque el cura que decía misa en lengua de signos en Cataluña se iba a jubilar. Y aunque Pagès se define como una persona “negada para el aprendizaje de idiomas”, dice que asimiló con sorprendente facilidad estos signos. Sus profesores eran, además del sacerdote jubilado, los propios feligreses. Pero un año después ya se comunicaba con ellos a la perfección. “Es como un idioma, explica Alfonso, hay que practicarlo”. Porque no es solo estudiarse los signos y aplicarlos, tiene toda una estructura, y como cualquier otra lengua, una gramática propia. Alfonso tampoco ha recibido clases “oficiales”: todo lo que sabe se lo han enseñado los feligreses de Barcelona y en Pamplona Carmen, Arantza, Emilio, Rosana y José Miguel, además de Josetxo y Alex, un seminarista bilbaíno de su edad, al que conoció en el XXIV Encuentro Nacional de Sordos que se celebró en la ciudad condal y con el que después solía hablar por Skype para practicar. En cualquier caso, tiene intención de sacarse el título oficial a partir del próximo año, cuando entre al seminario de la capital catalana.

Emilio, Arantza y Carmen

Emilio, Arantza y Carmen. CEDIDA

Ahora, en Pamplona, es uno más del grupo. Lamenta que haya tan poca gente en la comunidad, porque reconoce que “si la Pastoral desapareciese porque ya no quedan sordos sería genial, pero si es porque los jóvenes que no oyen ya no tienen interés… no lo sería tanto”. En cualquier caso, él tiene claro su papel: seguir conociendo más a fondo su manera de vivir, de pensar y de enfrentarse a los problemas, para así poder dedicarles todo su tiempo en un futuro próximo.

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