Vivir tras la frontera

HISTORIA 66
Por Blanca Gil De Sola

“Cuando cayó el Muro de Berlín, archivamos la idea de los muros de separación como parte del pasado. La realidad es exactamente la contraria”. Estas son palabras de Migueltxo Molina y Pablo Iraburu, dos comunicadores que hace tres años decidieron concienciar a la sociedad sobre este problema que, a pesar de todo, sigue existiendo. Para ello acercan las historias de seis personas que viven cada día a la sombra de distintos muros.

Un viaje a las fronteras entre Zimbawue y Sudáfrica, Marruecos y España y México y Estados Unidos de la mano de Migueltxo y Pablo para descubrir una realidad muy poco narrada pero preocupante. Muros es un documental estrenado en noviembre de 2015 que refleja distintas realidades que estos hombres han visto con sus propios ojos. Se trata de un proyecto que ha consistido en viajar a dichos países y convivir 10 días con gente de cada lado del muro. De esa forma, han podido experimentar las vidas de las personas que salen en el documental para después grabarlo y darlo a conocer.

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Pablo y Migueltxo, directores del documental Muros. PABLO IRABURU Y MIGUELTXO MOLINA

Llevar a cabo este proyecto no les ha resultado fácil. El proceso ha sido largo: tres años y paso por paso. Primero investigaron acerca de todos los muros que existen actualmente en el mundo, y el resultado fue espeluznante: sesenta, aproximadamente. “No sabíamos que existían tantos, antes de hacer el casting de personas, hicimos el de muros y nos salieron 43. Una vez terminado el documental, el número llegó a sesenta y pico”, cuenta Pablo. “Escogimos estos tres en función de la gestión para poder grabar, de la documentación previa que pudimos conseguir, del paisaje, del tipo de historias que nos íbamos a encontrar, de que ofrecieran una imagen global de lo que hay en el mundo… Al final decidimos coger uno por continente, pero eliminamos el de India con Bangladesh”. Prescindieron de este último para no mostrar demasiadas historias y así evitar que el público no siguiese bien la trama.

Cuando ya tenían los muros, realizaron el casting a los protagonistas y viajaron hasta los distintos lugares para conocerles y convivir con ellos. Pasaron veinte días en cada país, diez a un lado del muro y otros diez en el lado opuesto. “Rodamos solamente la mitad del tiempo que pasábamos con ellos. Primero estábamos unos días sin la cámara para que nos conociesen y adoptasen un clima de confianza, hicimos mucho trabajo previo”, comenta Migueltxo. Y es que cada personaje requería un tiempo flexible para conocerlo bien y experimentar su vida.

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Caren y Miguel subidos al muro que separa Méjico y Estados Unidos. PABLO IRABURU Y MIGUELTXO MOLINA

En la frontera entre México y Estados Unidos nos encontramos la historia de Caren y Miguel por un lado, y la de Al Enciso por el otro. Los primeros, son un joven matrimonio que se encuentra en el lado mexicano y quieren desesperadamente cruzar al terreno americano, ya que sus hijos están ahí. “Les acompañamos durante el documental en su recorrido por el desierto para llegar a un punto estratégico y así cruzar”. Llevan pocas provisiones, duermen a la intemperie y rezan a la Virgen para que la policía americana no los pille. Caren y Miguel son unos padres desesperados que no pueden reunirse con su familia por culpa de una valla custodiada por la policía americana. “Ellos son el perro y nosotros el gato”, dice Caren.

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Al colocando una cruz hecha por él. PABLO IRABURU Y MIGUELTXO MOLINA

En la zona estadounidense vive Al. No es policía ni soldado, es artista. Se trata de un hombre mayor que dedica su tiempo a dejar bidones de agua por el desierto. De esa forma, muchos inmigrantes que intentan cruzar cada día y pasan semanas en el desierto sobreviven gracias a él. Al deja las botellas con la esperanza de que alguien las encuentre, y aunque no puede ver a las personas que salva, sabe que funciona porque siempre desaparecen. Además de eso, en sus paseos por el desierto, Al va encontrando objetos pertenecientes a esos inmigrantes: una prenda de ropa, una lata de comida… A partir de estos instrumentos hace formas y crea arte. “Son piezas llenas de sentido, porque tras cada fragmento se esconde una historia real y terrible de la que nunca conoceremos el final”, explican los directores del documental. Les impresionó tanto la generosidad espontánea y pura de Al que le han dedicado un apartado especial en su página web.

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Al en su estudio de arte. PABLO IRABURU Y MIGUELTXO MOLINA

Desde una perspectiva completamente distinta y, en parte, opuesta, Pablo y Migueltxo cuentan la historia de Jaime Mimún, un guardia civil encargado de vigilar la frontera de Melilla. Su trabajo consiste en asegurarse de que nadie de Marruecos cruce a España de manera ilegal. Admite que es un trabajo duro y a veces desagradable, pero justifica que él debe cumplir órdenes y asegurarse de que nadie quebrante la ley.

En la otra punta del mundo, encontramos un caso parecido, el de Meza Weza. Natural de Zimbawue, consiguió cruzar la alambrada hace unos años y ahora vive en Sudáfrica. Aunque parezca una paradoja, trabaja para un policía sudafricano blanco llamado Izak Nel, que se encarga de evitar que los inmigrantes crucen el muro. Durante el largometraje hay una escena en la que, sin que los directores lo planeasen, Izak caza a dos hombres ilegales y los lleva de vuelta a Zimbawue. Por suerte para los dos inmigrantes, se apiada y en vez de encarcelarlos les deja volver a su país.

Como estas, hay muchas otras historias que tienen lugar cada día en todas partes del mundo. En cada una de ellas se demuestra que, al final, todas las personas son iguales en lo esencial y buscan lo mismo, todas tienen sueños y esperanzas.  “Todos los hombres y mujeres del planeta somos hermanos. Somos parte de lo mismo, compartimos anhelos similares, temores e ilusiones. Hombres y mujeres de todo el mundo compartimos el mismo deseo de supervivencia”. Pablo y Migueltxo no pretenden posicionarse o discutir si está bien o mal, simplemente quieren mostrar que nunca como hasta ahora ha habido tantas zanjas y vallas que el propio ser humano impone y provoca separaciones dramáticas. A través de las vidas que narra el documental, pretenden que cada espectador pueda elaborarse su propia opinión y se pregunte qué clase de mundo está construyendo. Así, estos dos directores del documental Muros consiguen lo que se proponían; hacer reflexionar y llevar a debate público un hecho importante que a muchos pasan por alto.

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