La soledad del portero

HISTORIA 64
Por Iván Benítez

Nauzet era rubio. Hasta que le aparecieron las primeras entradas. Y se rapó. El nombre completo del portero titular de Osasuna es Cecilio Nauzet Pérez González. Confiesa que no le gusta este nombre, el de Cecilio, pero lo asume. Se lo pusieron por su padre. Sus ojos brillan en verde claro al recordar (falleció hace cuatro años). Nació en un pequeño pueblo al sur de Las Palmas de Gran Canaria llamado El Tablero. Entre los callejones de un barrio humilde surgió su afición al fútbol. La idea de ser portero le sobrevino con siete años. Por casualidad. Viendo un Mundial por televisión. Durante un tiempo pensó en dejarlo. Sufría en la portería. Le angustiaba fallar. Hace cuatro años su vida dio un vuelco. No lee prensa deportiva. Sólo libros de psicología, biografías de deportistas y alguna que otra novela. Admira al tenista Rafa Nadal y le indigna que se juzgue a las personas por su aspecto físico. Pesa 83 kilos y mide 1.90 cm de alto. Durante el partido contra el Oviedo -sin apenas intervenir- se le congeló el dedo anular de la mano izquierda y perdió casi dos kilos de peso.

Es sábado, 16 de enero. El termómetro marca un grado centígrado en el Sadar. Faltan dos horas para el inicio del encuentro entre Osasuna y Oviedo. Los jugadores saltan al campo abrigados con plumíferos, y esperan en el banquillo. El calor de un café con leche en vaso de plástico les desentumece. Nauzet sorbe a tragos cortos con la mirada perdida en unas gradas aún vacías. Sonríe al escuchar hablar de la soledad del portero. “Hay un documental que habla sobre ello…”, reflexiona. Al comentario le sigue una propuesta. El jugador canario vuelve a sonreír. “¿Noventa minutos detrás de la portería? ¡De aquí a Hollywood!”, exclama. “¿Queréis salir también vosotros?”, interpela a sus compañeros. El resto ríe. “Si quieres ponerte detrás de la portería, tras la red, por mi parte no hay problema. No me molesta. Yo estoy a mi rollo…”, acepta la oferta. Los jugadores vuelven al vestuario. Los aspersores saltan rociando la hierba. Los operarios han retirado a tiempo la nieve.

Arquero. Guardameta. Portero. Cancerbero… Tantos nombres para una figura aislada en mitad de una multitud. La vida del portero responde a una trayectoria enmarcada por los goles recibidos y las paradas. A veces tiranos, al fallar en una jugada, y otras ángeles, al detener un penalti. Una parada se convierte en ovación y el gol en losa.

El escultor Eduardo Chillida reflexionó a menudo sobre la soledad del portero, vinculando su arte al fútbol. Antes portero profesional y de la Real Sociedad que escultor, el artista declaró en varias ocasiones que el campo es una superficie bidimensional en la cual ocurre una serie de fenómenos. “Pero da la casualidad que entre el marco de la portería y el área se da un espacio tridimensional, un diedro, y ahí es donde un buen portero, probablemente, necesite las mismas condiciones que necesita un buen escultor”, expresaba.

AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: PERSONA: NAUZET PEREZ LUGAR: SADAR TEMA: REPORTAJE, LA SOLEDAD DEL PORTERO

El portero se convierte en una persona solitaria en el campo. IVÁN BENÍTEZ

La relación de este artista, uno de los más relevantes del siglo XX español, con el fútbol se remonta a la temporada 1942-1943. Su debut se produjo contra Osasuna en la primera jornada. Pero su paso por el fútbol fue muy breve. Se lesionó la rodilla. Jugó catorce partidos en Segunda División. ¿No será el fútbol escultura? Se preguntaba Chillida. “El portero ha de tener una especial sensibilidad hacia el tiempo y el movimiento del balón. Tiene que desarrollar unas intuiciones espacio-temporales muy rápidas y muy inmediatas. Lo que me hace pensar que, probablemente, las condiciones que hacen falta para ser un buen portero y un buen escultor son casi las mismas”. Chillida se dio cuenta de que cuanto más rápido saliera a defender, la portería disminuía de tamaño para el que iba a disparar. “Pura geometría”, decía.

Nauzet no había escuchado antes los pensamientos del escultor guipuzcoano. Permanece meditabundo al oírlos, como si los mascullase. A sus 30 años, después de más de media vida dedicada a este deporte (debutó a los 16 con Las Palmas), dice que ha moldeado su propia filosofía de vida. “Lo único que importa es disfrutar del momento. No importa fallar”, arguye. Premisa que ha cocido a fuego lento desde que cumplió los veinte. Hace cuatro años, su vida sufrió un importante bandazo. Hubo un tiempo, asevera, en el que ser portero suponía un “gran sacrificio” . Tal angustia le sobrepasó. Y sopesó seriamente la posibilidad de dejarlo antes de cumplir los veinte.

Una consigna
Los jugadores de Osasuna saltan al terreno de juego y calientan. Faltan unos minutos para el inicio del partido contra el Oviedo. El portero alza la mirada y los brazos al cielo, en un gesto reverencial. Acto seguido, se posiciona entre los palos. Ricardo Sanzol, entrenador de porteros, marca un ritmo explosivo. Tras el calentamiento, vuelta al vestuario y de nuevo al campo. Mirada y brazos en alto. Saludo también a la grada. El público corea su nombre. Por debajo de la pantaloneta, justo encima de la rodilla izquierda, sobresale un tatuaje. Una dedicatoria de 22 líneas redactada a mano y dirigida a su padre, fallecido hace cuatro años. Junto al poste derecho ha dejado un botellín de agua y una toalla azul. El trece de su camiseta a la espalda guarda un significado: el día y el mes de su nacimiento (01/03/ 1985). Sus ojos verdes se funden con el césped. Una gota de agua se ha congelado en el labio inferior. A partir de este instante, en décimas de segundo, su mente proyecta la película de su vida: niñez, esfuerzo, sufrimiento, ilusión… Quizá porque a Nauzet le encanta el cine.

Esta es su historia
Le pusieron Cecilio en honor a su padre, a quien al nacer le inscribieron en el Registro Civil con este nombre, pero en la Iglesia le pusieron Sebastián. “Así que tuvieron que elegir uno y se quedaron con Sebastián”. Al final, Cecilio acabó siendo el primer apelativo del portero rojillo. Y le añadieron el de un dios guanche: Nauzet . “No me gusta mucho”.

AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 16/05/16 LUGAR: SADAR PERSONA: NAUZET PEREZ, PORTERO DE OSASUNA TEMA: REPORTAJE, LA SOLEDAD DEL PORTERO

A Nauzet le llamaron Cecilio por su padre. IVÁN BENÍTEZ

Arena y mar
Aunque se siente canario, su trabajo de futbolista le ha llevado a vivir en muchos sitios. “Y no me ha costado adaptarme”. El Tablero es un pueblo muy pequeño, costero, con un equipo humilde en el que nunca ha jugado. “Se vive muy bien y está muy cerca de la playa”, ríe, evocando los días de niñez. “Cuando no teníamos colegio pasábamos la mayor parte del tiempo en la playa”. De ahí su afición a los deportes acuáticos.

Primeras patadas al balón
Casi todos los días, después del colegio, Nauzet y sus amigos se reunían en los callejones del barrio y jugaban fútbol, entre porterías imaginarias. “Aquí en estos callejones y también en la playa dio las primeras patadas al balón”. No le atraía especialmente ser portero. “Todos jugábamos de todo…”. Pero llegó el día. “Tendría siete años. Estaba viendo un Mundial y me fijé en un portero”. No recuerda el portero. “Me impactó. Pedí a mi padre unos guantes. Al principio no paraba nada. Era horroroso”. Nauzet debutó con 16 años en Las Palmas. “Y como me negaba a quedarme en un piso en la capital, tenía que recorrer todos los días 60 kilómetros para entrenar”.

Porteros, los más raros
A partir de este momento, Nauzet empezó a seguir a los porteros. “Quizá porque los consideraba raros. Extraños. Piensa que de los jugadores de campo el único que va vestido eres tú, el único que puede tocar el balón con las manos eres tú. Se juega en una posición muy difícil de llevar porque, claro, puedes hacer un partido increíble y en el último minuto fallas y todo el mundo se queda con ese fallo”. Eres ángel o demonio en décimas de segundo. “Aprender a disfrutar como portero es muy difícil”.

El día que quiso dejarlo
Hasta los 20 años de edad no aprendió a disfrutar de la portería. “Antes lo pasé mal, muy mal. Y esta situación era muy complicada para nosotros. Cuando fallas piensas que fallas al grupo”. Pero poco a poco fue asimilándolo. “O disfrutaba o lo tenía que dejar, porque la gente de mi alrededor también sufría. No es que no me gustase el puesto. Quería ser portero. De hecho, me encantaban los entrenamientos- y me siguen gustando-, pero los días de partido se convertían en un calvario. ¿Y si fallaba?, me preguntaba constantemente. No podía seguir así. Y tampoco quería dejarlo. Mi familia había hecho un gran esfuerzo. Me afectó la presión de ser joven y debutar en un campo como el de Las Palmas, donde acuden tantos espectadores”.

AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 16/05/16 LUGAR: SADAR PERSONA: NAUZET PEREZ, PORTERO DE OSASUNA TEMA: REPORTAJE, LA SOLEDAD DEL PORTERO

El portero puede fallar en el último minuto, puede pasar de ángel a demonio en décimas de segundo. IVÁN BENÍTEZ

Al cumplir los 20
A partir de esta edad, todo cambió. “Asumo que todo el mundo falla y comienzo a disfrutar. Aprendí que hay que convivir con los fallos. En una posición como la del portero, en la que en décimas de segundo debes solventar una o muchas acciones, tarde o temprano puede ocurrir. Y cometer un fallo dejó de afectarme. Ahora procuro seguir una línea recta. Sin altibajos. Hay días mejores o peores”.

Manías
“Era maniático, supersticioso, casi obsesivo. Pero me desgastaban tantas manías. La forma de vestir, de comer, de entrar al campo… Y si no lo hacía me afectaba psicológicamente. He trabajado mucho -con gente especializada- para acabar con ellas”. Las dos únicas que, reconoce, mantiene fijas son la comida, siempre arroz con pollo, y el número de la camiseta: el 13, equivalente al día y al mes de su nacimiento.

Un día antes del partido
El sábado contra el Oviedo, Nauzet se despertó como siempre, a las ocho y media. Desayunó con su pareja, Ana, y salieron juntos a pasear con las tres perras (raza bulldog francés). Comió a la una y media. “Arroz con pollo es lo que mejor me sienta. Después eché una siesta en el sofá. Fue un día muy normal, como cuando vengo a entrenar. Hace años me costaba horrores. Tenía que desayunar una cosa y a una hora. Ahora soy muy flexible. La cabeza debe relajarse y eso sólo se consigue comprendiendo que un partido es un día más”.

Mirar al cielo
Tras la muerte de su padre, hace cuatro años, Nauzet mira al cielo cada vez que entra al campo. Una forma de honrarle. De agradecer “su compañía”. Su muerte supuso un paréntesis en la vida del portero de Osasuna. “Antes no me tomaba las cosas tan en serio. Vivía de otra manera (suspira y se le humedecen los ojos), y ahora sé que me ayuda y que está conmigo”. Le recuerdo en todo momento. “Cuando salgo a calentar o a jugar, cuando metemos un gol… Incluso hay veces que no metemos y también miro al cielo. No sé. Me siento acompañado. Me siento bien”.

Los porteros experimentan una gran tensión y pueden adelgazar varios kilos en un partido. IVÁN BENÍTEZ

La soledad del portero
Nauzet tuvo poco trabajo el sábado pasado en el partido contra el Oviedo, pero perdió casi dos kilos de peso. “Esto quiere decir que la tensión y la cabeza están a tope. Sin trabajar físicamente el desgaste psicológico es enorme. Estás metido… En estos partidos te viene a la mente que puedan meterte un gol. Y si después de 85 minutos sin hacer nada, llegan y te meten un gol… Son pensamientos que te abordan en un momento y desaparecen”, refleja. “Intentas hablar con los compañeros más cercanos que son los defensas. Procuras ayudar con órdenes. En partidos como el del Oviedo en el que no llegan, sales del área porque necesitas sentirte útil. No sé. Hablar”, suspira. “La gente tiene que entender que los porteros experimentamos una gran tensión. Cosas que salen muy fácil en un entrenamiento no salen en el partido. Un portero debe trabajar muchos aspectos, sobretodo la cabeza . Es lo que mejor debe funcionar. Porque si te meten un gol en el minuto tres del partido debes continuar. Y es muy difícil. Hasta que entendí esto han pasado muchos años. Lo he hablado con muchos compañeros de profesión y les sucede lo mismo. Hay que aprender a disfrutar del fútbol desde la portería. Hay que convivir con los fallos”, reitera.

Balón de oro
Nunca un portero ha recibido el Balón de Oro. “Y es injusto. En el fútbol al final prevalecen los goles, y cualquier equipo del mundo sin portero no es buen equipo”. ¿Un reflejo de la sociedad? “En el fútbol todo lo marcan los resultados. Nadie se ha fijado que el equipo ha trabajado para que la portería esté a cero”.

Héroes
Nauzet ha jugado todos los partidos: 1.890 minutos, y ha detenido dos penaltis. ¿Cómo se para un penalti? “En el fútbol profesional se estudian a los lanzadores. Y en este caso Richard Sanzol (entrenador de porteros) los ha estudiado muy bien a todos”. Al estudio hay que sumar el instinto y la suerte. “Es el único momento en el que el portero tiene mucho que ganar y nada que perder. Es el único momento en el que nos podemos convertir en héroes”.

Al finalizar el partido
El pasado sábado contra el Oviedo, Nauzet pasó la mayor parte del tiempo fuera de su área buscando el calor de sus compañeros y del público. “No me suelo dirigir al público, ni en los buenos partidos ni en los malos. Pero pesaba el hecho de no vencer en casa desde hace tiempo y de que teníamos ocasiones y no metíamos. Trataba que estuviésemos todos juntos. Unidos. Y desde atrás veía que la manera de sacar adelante el partido era con ayuda del público… Y tenemos una afición increíble que nos ayuda siempre. Por eso me dirigí a la grada. Nos dio un impulso y tuvimos un par de ocasiones. Sentía que lo necesitaba. Así me sentía también metido en el partido”. Al terminar el choque, con gesto de tristeza, abrazó a un niño, un recoge pelotas. “Me había pedido una camiseta y me dio pena porque la tenía comprometida con otra persona”. Nauzet le dijo que se lo recordara en otro partido. “Mi mujer, Ana, me dice que tengo que estar tranquilo, que no podemos contentar a todos”.

AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 16/05/16 LUGAR: SADAR PERSONA: NAUZET PEREZ, PORTERO DE OSASUNA TEMA: REPORTAJE, LA SOLEDAD DEL PORTERO

El trece no lo cambia, son los números de su cumpleaños: 1 de marzo. IVÁN BENÍTEZ

Un sueño
“Mi único sueño es ser feliz. No pienso en qué pasará. Sólo quiero ser feliz y hacer feliz a los que me rodean. Jugar en Primera es algo que quiero, pero sin volverme loco. Ahora soy muy feliz en Osasuna y en Navarra. El otro día se lo decía a Ana, mi pareja, venimos de un año de mierda en el que lo pasamos fatal los dos por el descenso del Sabadell. Y lo que estamos viviendo ahora no tiene precio”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s