La nota de la ermita

HISTORIA 49
Por Maria Roca

Cerca de 100.000 familias perdieron su lugar de residencia habitual entre 2012 y junio de 2014, tal y como denuncia Amnistía Internacional basándose en datos del Banco de España. En Pamplona, una familia con dos hijos estuvo a punto de quedarse en la calle por impagos del alquiler.

En marzo de 2013, Antonio Rivero y Guillermo Celaya, ambos estudiantes de la Universidad de Navarra, decidieron salir a andar hacia la ermita de la Madre del Amor Hermoso, situada en el campus universitario. Al llegar, les sorprendió una vela encendida. Tenía una nota al lado:

La nota ha sido retocada para eliminar el número de teléfono y mantener la privacidad de su autor. ANTONIO RIVERO

“Mi nombre es Antonio, de Pamplona, tengo 47 años. Hasta la fecha he sido una persona normal, trabajadora. Llevo 6 meses de retraso en el pago de mi vivienda y si no pago 4.000€ esta semana, la tengo que abandonar. Hace 2 años que mi mujer y yo no trabajamos, no pedimos limosna, si alguien nos puede ayudar, podemos realizar cualquier trabajo y con el tiempo devolver el favor. Me ha costado mucho llegar a tener que hacer esto, pero como siempre vengo a la Virgen en los malos momentos”.

Siguieron caminando, ahora pensativos. A la vez, ambos amigos se miraron: “Y si…”, se estaban leyendo la mente. En la nota de la ermita había un número de teléfono y llamaron. Al otro lado del aparato, un señor. Encajaba con la información del texto y decidieron quedar con él en una cafetería de la avenida Pío XII de Pamplona.

“Vi a una persona triste, deprimida. Se me encogió el corazón y a Guillermo también”, asegura Antonio. El autor de la nota les contó la difícil situación en que se encontraba debido, en gran medida, a que hacía dos años que él y su mujer estaban en el paro. Entonces, él se dedicaba a limpiar coches para hacerse con algunas monedas, pero aún así comían en casa de sus padres porque no les llegaba el dinero para la comida. Sus dos hijos podían ir al colegio y, por supuesto, no sabían nada.

Ante tal circunstancia, los dos estudiantes decidieron ayudar: le dijeron al autor de la nota que conseguirían el dinero del alquiler. Tenían cuatro días para conseguir 4.000 euros. Uno más y desahuciarían a ese hombre, a su mujer, a su hijo y a su hija.

Se pusieron manos a la obra y comenzaron a recoger dinero en una hucha por las iglesias, por la universidad y por la calle. “Algunos nos dijeron que éramos unos carotas; no nos creían”, cuenta Antonio. De todas formas, mucha gente colaboró y se multiplicaron las huchas. Se unieron a la causa muchos voluntarios, como Carlos Veci o Víctor García, quienes ayudaron desde el primer momento de conocer la iniciativa. En la universidad, pasaban clase por clase con una hucha y contaban la historia de la nota de la ermita a sus compañeros. Antonio Rivero se sorprendió mucho por las cantidades generosas que algunos colegas donaban, puesto que por su condición de estudiantes “no tenían una gran capacidad económica”. “Por eso –asegura el estudiante de Filosofía y Periodismo– la recolecta fue rápida y a tiempo”.

De izquierda a derecha: Antonio Rivero, Guillermo Celaya, Víctor García y Carlos Veci. JAVIER SESMA

En tres días habían reunido la cantidad de dinero que necesitaba el padre de familia que escribió la nota. Llegó la hora de darle el dinero y entraron las dudas: “Apenas le conocíamos, pero decidimos asumir el riesgo. Se iba a la calle”, cuenta Antonio.

Metieron todo el dinero, miles de monedas y algunos billetes, en una maleta, pero Guillermo y Antonio pensaron que debían, por lo menos, ir al banco a buscar “paquetitos”. Las bibliotecarias de la Universidad de Navarra ayudaron a empaquetar todo el dinero en los blísters portamonedas y cuando estuvo todo listo, Antonio se llevó la maleta cargada al punto de encuentro.

Cuando estaba llegando, apareció la policía. “A mí me entró una especie de psicosis solo de pensar que pudieran revisar la maleta”, cuenta recordando el mal rato. Pero pudo continuar sin problema.

El punto de encuentro era la ermita de la Madre del Amor Hermoso, donde comenzó todo. Antonio recuerda que el autor de la nota se ocultaba: “Era una situación difícil para él; se puso detrás de la ermita, vergonzoso”. “Al final, decidimos darle la mitad del dinero y seguir en contacto con él”, explica Antonio, mientras recuerda qué contento estaba el receptor de la maleta. Poco después completaron la donación y evitaron que aquel que se había visto en la necesidad de pedir ayuda se quedara en la calle con su familia.

Pero surgió un nuevo dilema: “Esta persona necesitaba un trabajo, porque si no, al mes siguiente estaría en la misma situación”, expone Antonio. El primer trabajo que consiguieron para el autor de la nota fue en Burger King, y lo aceptó. Sucedió que diarios regionales y nacionales decidieron contar la historia de la nota y, esta repercusión mediática, generó una multitud de llamadas para ofrecerle trabajo. Por eso, cuando llamaron de una bodega, el autor de la nota de la ermita aceptó rápidamente: él era y es comercial de vinos.

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