Un sueño hecho realidad

HISTORIA 47
Por Santi Soriano

Laura García Benítez nunca renunció a sus sueños. Un retinoblastoma, una operación de cataratas y una conjuntivitis dejaron muy limitada su visión, pero se aficionó al judo y ha participado en dos juegos paralímpicos (Pekín y Londres).

Estaba encendida la televisión. El mundo entero tenía puesta la mirada en los Juegos Olímpicos que se celebraban en Barcelona. Laura, que en 1992 tenía once años, estaba sentada frente a la tele. En aquel momento, la judoca Miriam Blasco, primera deportista española en ser campeona olímpica, estaba disputando la final. La deportista ganó el oro. “Un día llegaré yo ahí”, dijo Laura. Sin preámbulos. Sin matices. El sueño de una niña que nada ni nadie podría impedir. Ni siquiera el tumor en la retina que desarrolló en cada ojo nada más nacer. Ni la operación de cataratas que hizo que perdiera mucha visión. Ni la conjuntivitis que pocos años después hizo que aumentara su ceguera. Ni cuando le metieron el dedo en el ojo mientras estaba compitiendo, abriéndole una úlcera, y provocando una nueva pérdida de visión. Una vida repleta de obstáculos, de esfuerzo y de lucha.

La historia de Laura García Benítez (1981) no se puede entender sin la de su padre. Cuando él tenía seis años le detectaron un retinoblastoma (un cáncer en la retina, el mismo que tuvo ella nada más nacer). La familia de su padre era karateca. Laura, en cambio, decidió hacer judo, porque el kárate le era imposible debido a su deficiencia visual. “No sabía ni que había judo de ciegos ni nada. Yo dije: ‘Quiero hacer judo’ y así fue. Le dije a mi padre que iba a hacer judo cuando él ya estaba enfermo. La verdad es que se emocionó muchísimo”. Poco después, su padre falleció. “La ilusión de mi padre era competir. A él no le dejaron competir nunca, pero yo sí que pude. Es como una forma de herencia: tú no, pero yo voy a seguir el camino que tú no has seguido. Cada vez que pisaba el tatami me venía la imagen de mi padre. ‘Ya estoy aquí y te voy a demostrar que puedo’, me decía”.

Laura García Benítez ha participado en los juegos paralímpicos de Pekín y Londres. COMITÉ PARALÍMPICO INTERNACIONAL

Con 18 años y medio, y el judo un poco apartado de su vida, empezó a trabajar en la ONCE. Estuvo quince años, “quince largos inviernos”, señala Laura, trabajando en la calle: “Yo me vestía de tal forma que en lugar de ir a trabajar parecía que me iba al monte”. Cuando llevaba un tiempo trabajando en la ONCE, el profesor que daba judo allí se enteró de que Laura había practicado el deporte, y habló con ella. “Estuvo hablando conmigo y me dijo que probase, que a lo mejor podía ir a los Juegos”, comenta la deportista. Decidió hacerle caso.

Tras un bronce logrado en competición europea y otro en competición mundial, en 2008 consiguió plaza para sus primeros Juegos, los Juegos Paralímpicos de Pekín. Aquellas olimpiadas tenían como lema la siguiente frase: “Un Mundo. Un Sueño”. En Pekín se hacía realidad el sueño de esa niña que frente al televisor dijo aquella frase de “un día llegaré yo allí”. “Siempre dicen —comenta Laura— que los primeros Juegos son todo nervios y que los segundos son los que disfrutas”. Cosa que le ocurrió también a ella. A Pekín llegó tras una situación personal complicada y fue en Londres donde disfrutó de la competición.  “A veces me dicen: ‘¿Y cómo tú sin ver puedes hacer judo?’ Pero es que en este deporte no hace falta ver. Es todo sensibilidad, que tú cojas los movimientos. Lo presientes y lo notas”.

Hace un año dejó oficialmente el judo. “A mí me preguntan: ‘¿Ha valido la pena todo este esfuerzo?’ Yo respondo contundentemente que sí. Miro mi recorrido y veo todo lo que he sido capaz de hacer. A pesar de las muchas zancadillas que me han puesto en la vida yo he llegado hasta donde he querido”.

En febrero de 2015 Laura se sumó a un proyecto que entre otras cosas coordina charlas de antiguos deportistas paralímpicos a niños. “Yo a estos chicos lo que intento inculcarles es que, si tienen un sueño, tienen que perseguirlo. Que no es fácil, pero que luchen por aquello que quieran. Que nadie les diga que no. Que si se tienen que dar el golpe, que se lo den, y que digan: ‘Este no es mi camino, me voy para otro lado’. Pero que nadie les diga: ‘Tú tienes esta carencia, no puedes hacerlo’. Pues no”.

Laura sufrió un retinoblastoma, pero eso no le impidió mantener sus aspiraciones. COMITÉ PARALÍMPICO INTERNACIONAL

Recuerda una anécdota que refleja el esfuerzo de toda una vida luchando contracorriente. “Cuando era una cría estaba hablado con una chica de mi cuadrilla de bodas y estas cosas. Ella me dijo: ‘Tú tienes que tener un novio como tú, porque no puedes echarte un novio guapo’. La vida me ha enseñado a luchar. Cuanto más me pises y más me hundas, con más ganas me voy a levantar yo. Lloraré, porque lloraré, pero a mí nadie me va pisar”.

“Cuando entré a trabajar en la ONCE la psicóloga me preguntó que cuál era mi sueño. Le dije: ‘Yo quiero ir a unos Juegos Olímpicos’. Después de los Juegos de Londres, esta psicóloga me llamó y me dijo: ‘Laura, ¿tú te acuerdas de la conversación que tuvimos la primera vez que viniste a hablar conmigo?’ Le dije que no me acordaba. ‘Me contaste que tu sueño era ir a unos Juegos Olímpicos. Yo pensé: ‘Qué ingenua es esta niña’. Pero qué lección me has dado. No has ido a uno, sino que al final has participado en dos Juegos Olímpicos’.  Yo me quedo con esto. Con haber cumplido un sueño. Con haber superado las zancadillas que me ha puesto la vida. ¿Me pones un obstáculo? Me lo salto. ¿Que me pones otro obstáculo? Pues yo me lo vuelvo a saltar”.

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