El impulso para salir del infierno

HISTORIA 36
Por Patricia Rouzaut

Joy es una inmigrante nigeriana que llegó a España en busca de un futuro mejor. En vez de esto, se encontró metida en el mundo de la prostitución durante diez años, hasta que conoció la asociación Villa Teresita.

Joy tiene 36 años, es de Nigeria y llegó a España en 1997. Por aquel entonces, no sabía qué tenía que hacer para conseguir trabajo, ni en quién debía confiar, y, engañada, pagó 35.000 euros por entra a la Península Ibérica. Las mafias que han tramitado durante años la llegara de mujeres africanas se encargan de quitarles la documentación nada más aterrizar. De esta manera quedan atadas a estos grupos por un falso contrato que parece su salvación y se convierte en una cadena que las esclaviza. Así, obligadas, caen en el mundo de la prostitución. En él comenzó Joy en 1997 en Madrid, y más tarde viajó hasta Pamplona con uno de los “capos” de la mafia. Años después, tras conseguir salir, recuerda que es un mundo silencioso, desconocido para muchos ciudadanos de a pie, pero real y latente.

En Navarra hay actualmente más de 400 mujeres ejerciendo la prostitución, según los datos de la policía. Más de 250 trabajan en clubes de alterne de la capital foral, mientras que entre 100 y 150 ejercen la prostitución en pisos. A ellas hay que sumarle una veintena más que buscan a los clientes por las calles de Pamplona y por los polígonos de los alrededores. Joy comenzó su ‘sueño español’ en Madrid. Obligada a trabajar en la prostitución, vivía con más mujeres, pero no se atrevían a llamar a la policía porque no tenían papeles: “Nuestra sensación permanente era de un terrible miedo”, asegura. Durante su etapa madrileña, recuerda cómo una de sus peores experiencias fue el asesinato de una de sus compañeras, Gloria. También era nigeriana, pero no había pagado todo el dinero del contrato a la organización que la trajo a España. Un día, el jefe del grupo fue a su casa y la amenazó de muerte si no entregaba lo que debía. Sin embargo, Gloria no tenía ese dinero y se la llevaron en un coche hasta la zona de Vicálvaro, cerca de la capital española. Joy nunca supo dónde se fue su amiga y denunció a la policía su desaparición: “Yo veía que salía su cara en las noticias de la televisión”, cuenta. Días más tarde, un pastor encontró enterrado el cuerpo sin vida de Gloria en un campo de Madrid.

cartel

Villa Teresita busca mejorar la integración social de estas chicas desde 1942. PATRICIA ROUZAUT

La prostitución se ha cobrado la vida de muchas mujeres que llegan a España pensando que “en Europa caen los euros como las hojas de los árboles”, asegura Joy. Después de su estancia en Madrid, estuvo cinco años viviendo con un hombre en Villava, sujeta a él por un falso contrato y ejerciendo la prostitución. Este hombre la maltrataba, pero ella no tenía fuerzas para salir de ahí. “Yo lloraba todas las noches y sólo seguía allí porque no conocía otro modo de ayudar a mi familia”, cuenta. Sin embargo, admite que no estaba sola, y que conoció a muchas personas en su camino. Joy tiene historias de muchas mujeres, por ejemplo, una de Camerún a quien abandonaron en la calle con dos niños pequeños, tras haber sido maltratada. También conoció a una chica de Rumanía que estuvo durante cinco meses en la prostitución y que recibió palizas de la mafia. Al ver esto, un camarero de un bar pamplonés la recogió en la calle. Ahora esta chica tiene trabajo y está casada gracias a la ayuda que recibió.

La misma fortuna que tuvo Joy. Ella encontró una salida después de diez años. “Yo tuve la suerte de toparme en mi vida con Villa Teresita, ellas son las que me dieron la fuerza para salir”, explica. Esta organización, formada por mujeres consagradas, se encarga de ayudar a las chicas a salir de la prostitución y a darles una nueva vida. Realizan actividades como talleres y cursos para ayudarles a salir de ese mundo. Además, se encargan de escolarizar a sus hijos, les buscan trabajo y, sobre todo, les dan apoyo moral y psicológico. En definitiva, “tratamos de integrarlas en la sociedad”, afirma Julia García del Valle, directora de este centro en Pamplona. Ahora Joy tiene un pequeño piso y trabaja cuidando a ancianos y niños. Joy no tiene formación, ella fue al colegio en su país durante seis años y por eso “ya era una afortunada”. Quiere volver a Nigeria a ver a su familia, pero para ello necesita un trabajo y reunir dinero para poder pagárselo.

Según Joy, la prostitución “aísla” y las chicas no están dispuestas a contar todo lo que han sufrido a personas que no conocen, sino que necesitan a alguien de confianza para abrirse y contar la realidad que han vivido. Muchas veces la situación que viven les lleva hasta un juicio. Desde Villa Teresita están dispuestas a declarar en litigios, a colaborar con la policía y a acompañar a estas mujeres en todo el proceso judicial. Con ello, pretenden ayudar a todas las chicas que tienen miedo a declarar, a contar la realidad de lo sucedido, muchas veces por la presión que ejercen las mafias.

villa teresita

Vista de la sede de Villa Teresita en Pamplona, una de las cinco casas que tienen por toda España. PATRICIA ROUZAUT

Todo el trabajo que hace esta organización les lleva a lograr grandes éxitos. Es el caso de Joy, que consiguió los papeles para poder vivir en España en 2008. Desde entonces sigue trabajando para poder ayudar a su familia. “El pasado, pasado está” afirma. Cuenta lo duro que fue dejar a su familia en Nigeria, recuerda a su madre y a su hijo. Él tiene ahora veinte años, tiene problemas psicológicos y hace doce años que no le ve. Actualmente, Villa Teresita está intentando tramitar los papeles de su hijo para poder traerlo a España y reunirlo de nuevo con su madre.  Villa Teresita se ha convertido en “la salvación” de Joy, un lugar donde “todas las personas son muy buenas”. Ahora, ella también participa en las labores de esta organización y conciencia a las mujeres de la posibilidad de un “nuevo mundo” fuera de la prostitución. Debido a su experiencia anterior, las chicas le “hacen más caso” que a las monjas de Villa Teresita.

Joy, como muchas otras mujeres que llegan a España, buscan una nueva vida y se chocan con una realidad que no se esperaban. Para ella, “estas mujeres sufren mucho, hay muchos maltratadores y tenemos que ayudarles”, desde que salió de la prostitución no ha dejado de ayudar a las chicas que todavía continúan en ese mundo. Vienen pensando que “los euros caen como las hojas de los árboles” y acaban metidas en un círculo de prostitución y mafias.

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