Humanizar el periodismo

HISTORIA 34
Por Carmen Remírez

Pilar Fernández Larrea, redactora de Diario de Navarra, ha descubierto gracias a su oficio que “hay muchísima, pero muchísima gente buena”. “Más de la que creía”, insiste.

La tragedia se cruzó en la vida de Juan Carlos Pandiello Crespo un jueves por la tarde. La fecha exacta, 5 de junio de 2014, y el drama con el que iba a convivir desde ese día, la muerte de su hermano Jorge, un camionero de origen cántabro, en un accidente de tráfico en Sunbilla (Navarra). En aquel suceso falleció también un pamplonés, Luis Otermin Elcano, de cuyo perfil, como suele ser habitual en estos casos, los periódicos informaron con bastante detalle al día siguiente. La información del accidente recogía dónde había nacido Otermin, su lugar de residencia, su estado civil o sus aficiones. También se publicaba una fotografía del fallecido. De Jorge apenas aparecían unas líneas. Su identidad se confirmaba casi a medioanoche, con muy poco margen para el cierre de las ediciones. Además, el tratamiento a un muerto ‘ajeno’ a la región donde ocurre el incidente siempre resulta mucho más superficial. Los lectores no conocen a la víctima ni a su entorno, por lo que el esfuerzo por recomponer esa vida pasó más desapercibido a los periodistas que aquella noche se afanaban en recopilar los datos de la noticia.

A todos, menos a una. Cuando los tres o cuatro compañeros de Pilar Fernández Larrea (Leitza, 1971) apagaron aquella noche su ordenador no sintieron tanto como ella esa necesidad de seguir preguntando quién era aquel camionero cántabro que nunca llegó a su destino. Por eso, dos días después, removida por esa ausencia,  Pilar comenzó a buscar información sobre aquel joven. Con sus apellidos, localizó por Internet a un hermano, Juan Carlos, y le llamó. Tras darle el pésame, le explicó el motivo de haberse puesto en contacto con él. “Nos quedaba pendiente su historia”. Inicialmente, Juan Carlos se sorprendió, pero posteriormente quedaría muy agradecido a una periodista que no dejó que la actualidad engullera el pequeño homenaje que quieren suponer esos textos glosando la biografía de un fallecido en la carretera.

Jorge Pandiello PFLDiez días después, el domingo 15, Diario de Navarra dedicaba una página a contar quién había sido Jorge Pandiello. Su vida, sus viajes en camión y su muerte. Se acompañaba el texto de una foto cedida por la familia en la que se observa a Jorge engalanando su camión con motivo de algún festejo. Con crudeza, el hermano describió a Pilar cómo le habían llamado de madrugada desde Navarra para informarle del accidente y cómo esa misma noche, solo, se trasladó hasta el Instituto de Medicina Legal para confirmar que aquellos restos rescatados de un camión en llamas eran los de su hermano. No fue una tarea fácil, ya que el vehículo había ardido tras el accidente. Los reconoció por la pulsera. El artículo se titulaba La vida de Jorge se quedó en la N-121 y a Pilar le reconcilió un poco consigo misma. A Juan Carlos Pandiello, roto por la muerte de su hermano, leer aquellas líneas, también. “Se quedó agradecido y eso es lo mejor de este oficio, lo que trato de hacer un poco en mi día a día. No quedarte en la página fría. Humanizar el periodismo. Es igual que tengas que hacerlo además de tus tareas cotidianas o fuera de tu horario. Dar con esa persona, escucharle y rescatar esa historia que tiene detrás es para mí lo más satisfactorio”.

Ese empeño de Pilar Fernández, casada y madre de tres hijas aún pequeñas, es una de las destrezas que ha llevado a esta reportera de la sección Pamplona (aunque ha bregado, y sigue en ello, en Comarcas, Sucesos y lo que fuera necesario, siempre con la misma actitud que le ha caracterizado desde que comenzó a trabajar como becaria cuando aún estudiaba la carrera) a firmar desde hace unos años una de las secciones más humanas del periódico: Anónimos populares, una página semanal que, como ella misma explica, “quiere rescatar alguna de tantas vidas que se quedan fuera del día a día”.

Pilar Fernández Larrea, en una ocasión en la que fue a Aralar a entrevistar a una persona aislada por la nieve. JORGE NAGORE

Con ellas, traslada las vicisitudes de personas que, como subraya el mismo título de la sección, no son perfiles públicos, pero en los que ahonda con precisión y ternura. “La gente es un libro abierto, te cuenta su vida. Te hacen llorar y te hacen reír y todos tienen una historia que contar, la mayoría bien interesante”. Destaca Pilar que además lo hacen sin pedir nada a cambio, de forma amable, compartiendo con ella y sus lectores sus relatos vitales. Sin dudar, su disposición a escuchar y su sensibilidad para discernir lo importante ayudan mucho. “No hay un cuestionario fijo. Es una conversación con un café de por medio y simplemente van repasando su trayectoria”. ¿Tiene algún truco para que esas personas se pongan a contar detalles de su vida a una desconocida que además pretende publicarlos? “No, ningún truco. Ser uno mismo y la cercanía, que se sientan como si fueras alguien de su familia o un vecino”.

Una de las principales herramientas periodísticas de Pilar Fernández es escuchar con un interés sincero a sus entrevistados. IVÁN BENÍTEZ

Su pretensión es la de buscar perfiles variopintos. Personas de distintas edades, de diferentes barrios, alejadas de los representantes políticos o municipales. “La gente de la calle tiene un relato mucho más sincero, no busca nada a cambio. Un político mide mucho más lo que va a decir. Precisamente el origen de la sección está en buscar ese contrapunto al día a día, que a veces puede hacerse más encorsetado o plomizo”. Busca a sus protagonistas en cualquier esquina. A veces, paseando por la calle. Otras, se pone en contacto con una asociación de un barrio que le habla de una persona que puede reunir los requisitos. “No busco nada muy raro. Que tenga una historia detrás”. Muchas son personas mayores, que bucean con humildad en su memoria mientras Pilar rescata con pericia arqueológica los hitos con los que luego compone su texto. Esas vivencias acaban uniendo muchas veces a entrevistado y entrevistadora. “Alguno ha fallecido y he llorado muchísimo. Me han enseñado un montón”. Mientras tiene lugar esta entrevista, una mujer le saluda efusivamente a través del cristal de la cafetería. “Mira, justo le hice un anónimo”, explica devolviéndole el gesto que corrobora que se implica con las historias que van surgiendo en sus charlas. De entre todas las conclusiones que extrae en su experiencia como periodista, con esta sección o con cualquier realidad que le toca abordar para luego contarla en el periódico, Pilar tiene claro que se queda con una. “Hay muchísima, pero muchísima gente buena. Más de la que creía”. Seguro que Juan Carlos Pandiello, que perdió a un hermano en un accidente en Sunbilla, pensó algo parecido cuando leyó el artículo que dedicó a su hermano, diez días después del suceso, una periodista que no se quedó satisfecha con el suceso, le localizó, le escuchó y escribió sobre eso. Después, le envió también un periódico para agradecérselo.

3 pensamientos en “Humanizar el periodismo

  1. Bueno es recibir una lección de periodismo de compañeros de profesión. Y bueno es saber que Pilar, escuchadora empedernida, sigue buscando a la persona detrás de noticia. Pero todavía es mejor que quien sabe todo esto de humanizar el oficio lo quiera compartir. Porque son estos detalles los que alimentan nuestra pasión por informar. Ánimo.

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  2. No habia leido esta noticia hasta hoy, pero de verdad que la familia estamos muy agradecidos por tus esfuerzos en localizarnos y decir los hechos aunque falte algo que contar. Muchas gracias por todo y un abrazo muy fuerte.

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