Lola Azparren y los Pájaros de Chagall

HISTORIA 30
Por Brais Cedeira

En Bidari, pintar casi es lo de menos. Se trata de la pequeña academia de Lola Azparren, y en ella el arte es concebido como un medio para fomentar la originalidad, una vía de escape al flujo creativo de la imaginación.

Bidari es un pequeño centro en la calle Dormitalería, en las faldas de la catedral de Pamplona. Mientras fuera discurre un día gris, de intermitente lluvia, en el taller de Lola Azparren todo es color. Adornan las paredes los distintos proyectos de los alumnos: paisajes al óleo en los muros más cercanos, sencillos retratos en los alejados. El pez de colores, que sobrevuela la sala colgado del techo, lo elaboraron con pedazos de cartón. Todo este decorado estrecha más las paredes de un taller ya de por sí pequeño y que rebosa arte por los cuatro costados.

Mientras los pequeños se acomodan, Lola extrae de las estanterías una enciclopedia de pájaros (el tema del día) y otra de animales. “Mi método de enseñanza —asegura—, no busca el resultado perfecto en cuanto a la técnica. Lo que cuenta es el proceso de creación, comprobar qué soluciones adoptan para crear su arte”. Llegan armados de ceras, témperas, óleos, cartones y toda clase de utensilios propios del oficio. Cada sábado por la mañana, se dejan absorber por la pintura —sus mandiles a rayas plagados de pegotes lo confirman—, se meten dentro de sus propios cuadros hasta prácticamente convertirse ambos en uno solo.

Una mañana en el taller
La sesión comienza cerca de las doce de la mañana. Todos escuchan en vilo a Lola, que lee el cuento del “Pájaro de fuego”. Mantienen durante estos minutos un prolongado silencio, como una especie de liturgia previa. A partir del cuento Lola establece las reglas del nuevo proyecto del día. Y se ponen manos a la obra.

Dos de los jóvenes alumnos de Lola Azparren. BRAIS CEDEIRA

Dos de los jóvenes alumnos de Lola Azparren. PATRICIA ROUZAUT

—Chicos, acercaos aquí, vamos a ver ejemplos de obras de lo que vamos a hacer hoy. Veréis: hace muchos, muchos años que comenzó la Historia del Arte. Y siempre, siempre, hay artistas que les gustaba pintar pájaros. ¿Veis? Estos dibujos de gansos son de tiempos de los egipcios. O aquí: mirad cómo pintaba Durero sus aves, con muchos colores. Ya conocéis a Durero, sabéis cómo le gusta pintar.

—Ese parece una cacatúa —observa Micaela, de diez años.

—Yo, cuando fui a Alemania, estuve en el pueblo de Durero y en el taller de su casa se veían sus pinturas muy muy viejas —comenta Maider, de once.

—Mira este también, Maider: este pintor se llama Chagall y también le gustaba mucho hacer gente volando por el cielo. Venga, vamos a comenzar. Yo dejo aquí los libros, ya sabéis que podéis echarle un ojo para tomar ejemplo.

Han pasado quince desde que Lola abrió Bidari, treinta desde que entró en el mundo de la educación. Nunca ha perdido el entusiasmo ni el interés por instruir a los pequeños. “Aquí nos dedicamos al Arte, sí, pero sobre todo al desarrollo humano, ya sea personal o profesional”, apunta. Todo cuanto realizan en la academia está enfocado a extraer de los alumnos el espíritu inventivo y curioso inherente al ser humano.

Al rato, Lola enciende la música, suena R.E.M. en los altavoces de la sala. Ella es, en definitiva, el principal artífice del universo pictórico de los niños. Ella es quien les inculca el sentido y el afán creativo.

Teo, de nueve años, se encuentra absorto elaborando el cielo de su cuadro, el mandil plagado de manchas de pintura, la mirada clavada en el lienzo. Los pies apenas le llegan al suelo desde la banqueta en la que está sentado. Ya ha dibujado sus pájaros sobre el cartón. No son técnicamente perfectos. Poseen, no obstante, su toque personal. Opta ahora por representar su cielo totalmente nevado. Para ello,  agarra el pincel más fino y lo moja un poco. Es entonces cuando lo impregna de color blanco para sacudirlo cuidadosamente, logrando así su visión personal de un paisaje nevado. Le resulta ideal, agitarlo sobre el lienzo de cartón, salpicándolo todo de múltiples manchas. Lola, que le observa en desde la mesa de al lado, se acerca, intrigada por la técnica del niño.

—Eso es Teo, eso es. Eso está genial, ¿verdad que da la sensación de que está nevando?

—Sí, a mí me gusta mucho como queda.

—A mí también, está precioso. Además lo has hecho así, como a lo Pollock.

—Sí, eso quería. Como a lo Pollock.

El valor de ser creativo
La reforma educativa que el gobierno aprobó para este curso reduce el número de horas de las asignaturas artísticas hasta en un 60 por ciento. Algunas asignaturas, como Música, dejan de ser obligatorias. Además, las asignaturas artísticas pasarán de obligatorias a optativas en ESO y Bachillerato. Ya a finales de 2013, cuando el gobierno llevó la ley al Congreso y la aprobó en solitario, distintas personalidades del mundo del arte y la cultura proclamaron su denuncia. “Lo cierto es que hay una carencia absoluta de creatividad en la enseñanza”, sopesa Lola mientras recoge los bártulos en el ya vacío taller. “Antes ni se hablaba de la creatividad en los colegios, pero resulta más que importante: es un asunto crucial. Cuando fomentas el espíritu artístico logras crear un pensamiento abierto y que aprende a adoptar diferentes puntos de vista”.

En Bidari ayudan a los "alumnos" a descubrir la creatividad desde pequeños. BRAIS CEDEIRA

En Bidari ayudan a los “alumnos” a descubrir la creatividad desde pequeños. PATRICIA ROUZAUT

Minutos antes, con Lola deambulando por el taller, los pequeños se afanaban desarrollando sus cuadros. Maider pinta y dibuja desde los cinco años. Esboza sutilmente los pájaros en su cartón. Emplea para ello carboncillo. Para dibujarlo, observa la enciclopedia de animales. Luego aplica color amarillo con una cera por el lomo del ave. Extiende con el pulgar la pintura para eliminar las líneas. Su resultado final no tiene nada que ver con el de sus compañeros, que han pretendido otras soluciones. Cada uno trabaja ensimismado. Avanzan sin apresurarse, aunque sin detenerse. Esa elasticidad, en cuanto a buscar soluciones propias y originales, es lo que se busca Lola desde Bidari: “La enseñanza está en muchos aspectos estandarizada. En no pocas ocasiones resulta demasiado memorística, muy rígida. Y una persona rígida solo sabe funcionar con unas reglas. En cambio, las personas abiertas se adaptan y son flexibles, son capaces de encontrar diferentes soluciones a las cosas”.

Los grandes genios de la pintura lo fueron ya desde muy jóvenes. Pablo Ruiz, antes de convertirse en Picasso, fue Goya, fue Velázquez, fue Manet, fue Diego Ribera. Ya asombraba en su adolescencia el dominio del color y la perspectiva que había adquirido en aquellos pocos años de su existencia. Ya se advertía en ellos una extraña lucidez, esa chispa genial, solo entendible en aquellos que albergan ese espíritu indómito. Lo hizo todo antes de los 18 años. Y poco a poco, su mente se desligó de toda referencia, y surgió de él la nueva corriente cubista, determinante en el arte del pasado siglo.

Bidari ejerce una suerte de resistencia cultural. BRAIS CEDEIRA

Bidari ejerce una suerte de resistencia cultural. PATRICIA ROUZAUT

Esa soltura de una mente liberada de prejuicios,  salvando las distancias, es lo que se busca en Bidari. La academia resiste al modo de un oasis el paso del tiempo. Convertida en una suerte de resistencia cultural, Lola concibió la academia como un espacio abierto a la imaginación, un refugio casi atemporal en el que proclamar su máxima: “La creatividad no reside únicamente en el arte. Realmente se halla en cualquier cosa. Y aquí, ellos lo van descubriendo”.

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