“Cielo, ayúdame”

HISTORIA 26
Por Teresa Ausín

Cada cinco minutos muere una persona cristiana a causa de su fe. Héroes anónimos que en pleno siglo XXI siguen sufriendo las mismas persecuciones, encarcelamientos y torturas que los primeros cristianos en el Imperio Romano. Aunque sea bajo otros nombres, y en nuevos escenarios. China es uno de ellos, pero allí el término “persecución” tiene otro sentido: “Es una tortura suave, agridulce, psicológica”. Pero no una barrera infranqueable.

Liao Yiwu. ASIANEWS.

Liao Yiwu. ASIANEWS

Liao Yiwu es un escritor y poeta chino de 57 años que tuvo que exiliarse a Berlín en 2011. Hoy, sus libros están prohibidos. Censurados. Liao no es cristiano, pero durante su larga estancia en prisión (cuatro años) entró en contacto con algunos y le hicieron descubrir un nuevo sector de la población china. Por eso, aunque no comparta su fe, asegura estar impresionado por la valentía de todos esos compatriotas que, perseguidos por el gobierno comunista, se han mantenido firmes en su fe, y ha querido mostrar al mundo los testimonios de algunos de ellos. Aquí os ofrecemos otros. Auténticas historias de esperanza.

Anhelo de unidad
En China viven doce millones de católicos. Una cifra abultada, pero que sólo incluye al 1% de la población. Y ese ínfimo porcentaje se divide en dos comunidades: una oficial y otra clandestina, de las cuales sólo la primera admite la injerencia del Gobierno. La Asociación Patriótica Católica China es un organismo que fue creado en 1957 por el Partido Comunista Chino y que no obedece al Papa por verle como un “enemigo”. Por eso, obliga a los católicos seguidores del Papa a vivir en la clandestinidad. “Lo que quieren es crear división entre nosotros, para que la comunidad de católicos muera sola”, explica Ángela Bai, la narradora. Pero asegura que “a pesar de la división” los cristianos del gigante asiático anhelan la unidad.

¿Cómo viven su fe los católicos perseguidos?
Ángela nos da su nombre de bautizada. No su nombre civil. Después del bautismo, los chinos conversos suelen tomar el nombre de algún apóstol, “por ser a lo que aspiran”, pero siempre que suene bien al traducirlo a los caracteres chinos. ¡Claro! Aunque viven en un ambiente totalmente ateo, en las comunidades tienen una fe muy viva que llevan a su vida familiar, a su trabajo. “Amar es algo bueno –asegura Ángela–, y atrae la atención de los demás hacia la fe”. Para ellos, el primer paso de la evangelización es vivir su fe “en el día a día”. Pedro Fung, miembro de su comunidad, es un ejemplo de ello.

Dos hombres rezan en una iglesia católica de China. AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA.

Dos hombres rezan en una iglesia católica de China. AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA

Aunque no sabe leer del todo, explica la Biblia a su manera, y vive sus enseñanzas. En su región, acostumbran a visitar a los más pobres durante la Fiesta de la Primavera. Y Pedro  propuso llevarles sus mejores haces de leña. “¿Por qué los mejores?”, le preguntó su mujer. A lo que Pedro respondió: “Si fueran Jesús, ¿qué les darías tú?”. Conseguir los troncos implicaba cruzar un río con una capa de hielo de cinco centímetros para llegar al bosque. Por lo que muchos podrían pensar que Pedro está loco, pero para él el hielo era “un peligro, no un impedimento”. Cuando meses después, la comunidad quiso construir una parroquia mano a mano, los vecinos, no católicos, demostraron el afecto que le tenían, acudiendo a ayudarles: “Somos amigos, el ser católicos no es una frontera”.

Libertad religiosa, pero no de culto
El respeto a la libertad religiosa sigue siendo en China una asignatura pendiente. Mientras los fieles católicos oficiales practican su religión abiertamente en hermosas iglesias y catedrales, los fieles clandestinos lo hacen en casas particulares, con cuidado de no ser descubiertos. Porque la ley permite a los mayores de edad tener su creencia, pero el Gobierno no les deja tener edificios visibles. Son signo de peligro. No hay iglesias, ni horario fijo de misas, y hay muy pocos sacerdotes. Afortunadamente, entre ellos se conocen todos, y cuando un cura llega a la región corre la voz como la pólvora.

Hace 20 años la frecuencia de misas era cada tres meses. Pero Pedro Fung tenía una radio que captaba la frecuencia de la radio vaticana. Sorteando las interrupciones del canal comunista, Pedro se ponía de rodillas en su casa al llegar la consagración. “Si no puedo comulgar físicamente, al menos quiero hacerlo espiritualmente”, decía. Hoy la frecuencia de misas es mayor, pero Pedro continúa pegado a la radio.

Ángela relata que para ir a misa en China muchas veces tienes que conducir media hora en coche, o una hora en bici. “Y aquí la tenéis al lado y varias veces al día”, exclama sorprendida. Reconoce que tenemos mucha más facilidad para vivir la fe, pero ve que el ambiente social no ayuda: “No os sentís orgullosos de ser hijos de Dios”. En China, por el contrario, como la mayoría son conversos, valoran mucho más la palabra ‘elegidos’. “No es que nosotros elijamos a Dios, sino que Él nos elige a nosotros”, concluye.

El padre Wei, sacerdote de la Iglesia clandestina. ASIANEWS.

El padre Wei, sacerdote de la Iglesia clandestina. ASIANEWS

Curas, obispos y seminaristas, los principales afectados
La persecución es sobre todo hacia obispos y sacerdotes, que viven ocultos y suelen cambiar frecuentemente de domicilio para no ser descubiertos y sometidos a interrogatorios inhumanos. El padre Wei fue encontrado muerto a principios de noviembre en circunstancias sospechosas. Hablaba al menos dos lenguas europeas, trabajó intensamente para aumentar las vocaciones de la Iglesia clandestina y tras su regreso a China en 2007 se había dedicado al trabajo pastoral, sobre todo entre los más pobres y abandonados de su región. Era muy conocido y admirado entre los jóvenes y llegó a fundar un seminario clandestino, cuyos profesores eran sacerdotes que habían estudiado en el extranjero. Sus familiares y amigos han pedido que se reabra la investigación sobre su muerte, cerrada oficialmente como un suicidio.

Las conversiones
En Europa, los bautizos, comuniones y bodas son casi una tradición cultural, no los valoramos como sacramento. Pero allí hay un antes y un después a partir del bautizo. “Eliges un camino”, explica Ángela. Sus compatriotas funcionan mucho por el ejemplo de otros, por eso las conversiones son en cadena, tras el contacto con amigos, familiares, vecinos, que muestran otra forma de vivir. Ángela cuenta cómo los católicos viven primero su fe en pequeños gestos, y luego explican por qué: “Porque soy católico”. El testimonio de abuelas a sus nietos también influye mucho allí. Ésa es la historia de Pablo Wang.

Pablo tenía entonces 19 años. Su abuela era católica, pero él no. Ni siquiera estaba bautizado. Un día de invierno por la noche, rodó con su moto por un barranco de 20 metros de profundidad. La temperatura no superaba los cero grados. Se dio cuenta de que tenía un brazo roto, y pensó que moriría allí. Pero en ese momento, recordó a su abuela y clamó al cielo: “El Dios de mi abuela, si realmente existes, sálvame”. A las dos de la madrugada, alguien pasó por la carretera, y al oír sus gritos, se asomó y le rescató. En China la sanidad no es gratuita, y por eso, cuando ves que alguien se cae, o alguien herido, es mejor marcharse,  porque pueden acusarte de haberle tirado. Por eso la caridad no es fácil en China: si eres tan inocente de ayudar a alguien, puedes acabar tú peor. Pero el hombre era católico.

En China, la Iglesia Católica es una, pero está dividida en una comunidad oficial y otra clandestina. NUESTRO TIEMPO.

En China, la Iglesia Católica es una, pero está dividida en una comunidad oficial y otra clandestina. NUESTRO TIEMPO

Ángela explica que allí suelen decir mucho lo de “Cielo, ayúdame”. Y que cuando le ponen un rostro concreto a esa ayuda, muchos se convierten. Pablo se bautizó poco después: “Si el señor de mi abuela me ha devuelto la vida, la viviré para él”. Parece que mientras no hay dificultades serias, no buscamos a Dios, comenta Ángela, pero “sembremos semillas de fe –añade esperanzada– aunque no sepamos cuándo recogeremos la cosecha”.

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