Las niñas que duermen en el suelo

HISTORIA 21
Por Blanca Rodríguez

Los requisitos para estudiar en el centro de acogida que las Religiosas de María Inmaculada tienen en Nashik son estrictos por necesidad. Las niñas que acceden han conocido la pobreza extrema y son huérfanas, o hijas de una mujer repudiada, o proceden de una familia desestructurada.

El día comienza temprano en la casa. Ochenta niñas se desperezan en el suelo. La más pequeña tiene cuatro años y la mayor, quince. Podrían despertarse en camas, pero entonces habrían sido menos compañeras. Como les han enseñado, recogen las esterillas y bajan a desayunar. Se oyen risas en los pasillos. Están impacientes por ir a la escuela.

La ciudad de Nashik, en la India, se encuentra a 180 kilómetros de Bombay. Es una de las doce localidades donde la Congregación de María Inmaculada apuesta por el futuro de sus niñas. “Si les enseñamos a no ser pobres, lograremos que abandonen la miseria”, afirman. Las religiosas las visten, las alimentan y les ofrecen formación. Aunque hasta hace cuatro años, la situación era especialmente difícil.

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En la casa de Nashik viven ochenta niñas de orígenes muy humildes. ELENA CAMPION

Karen Campion las conoció entonces. Recuerda la primera cena en el centro de Nashik porque apenas había con qué prepararla. El plato era un puñado de arroz, un “pellizquito” de un condimento picante para darle sabor y, con suerte, un “pedacito” de carne. Las pequeñas, sonrientes, le tendían la bandeja para repetir, pero no quedaba comida.

Karen, que hacía voluntariado en Bombay, no dejaba de sorprenderse. Las dos ciudades estaban a solo cuatro horas en tren, pero eran muy diferentes. Su padre había nacido y crecido en aquel país, por eso le sonaban algunas historias sobre Nashik. Antes de trasladarse a España y enamorarse de una madrileña, Ashton Campion trabajó allí con Vicente Ferrer y Martín de los Ríos en su etapa de jesuita. Cuando era joven, les contaba a sus hijas, enseñaban a las familias humildes a construir pozos de agua, a cultivar pequeños huertos con los que abastecerse y a realizar el trueque.

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Solo las niñas menores de ocho años pueden beber leche dos veces por semana. ELENA CAMPION

El viaje a Nashik fue un punto y seguido en la vida de Karen puesto que, después de la muerte de su padre, aquella experiencia le ayudó a seguir adelante. Por eso, al regresar a España se reunió con su madre y sus hermanas y comenzaron un proyecto en su memoria: la Fundación Ashton’s House of Hope. “No queríamos perder nuestras raíces indias”, explica.

Ashton’s House of Hope comenzó reestructurando la alimentación de las niñas de la casa de Nashik. Poco después, en diciembre de 2013, abrieron una biblioteca y al año siguiente contrataron profesores de inglés para las pequeñas, que solo hablaban marathi, una de las 22 lenguas oficiales del país. “Cada año intentamos lograr un avance. Depende del dinero del que dispongamos –señala Karen-. Ahora queremos que aprendan inglés, porque no hablarlo limita mucho las posibilidades, sobre todo laborales”.

A largo plazo, les gustaría construir otra casa y comprar camas sin que por ello tengan que reducir el número de niñas. Karen sonríe cuando lo dice: “Ahora es algo pequeño, pero esperamos que en algún momento se haga más grande”.

Cada verano, una de las hermanas Campion va a la casa de las religiosas para llevarles la ayuda. “Se trata de involucrarse de verdad”, subraya Karen. Con este objetivo, han preparado boletos de lotería de Navidad. “Requiere un pequeño esfuerzo, porque conlleva hacer las papeletas, ir a recogerlas a Madrid, venderlas… Para nosotras no es solamente dar dinero, también es un compromiso”.

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Las hermanas Campion visitan a las pequeñas una vez al año. ELENA CAMPION

“Cuando estás en la India, reflexionas y te das cuenta de que hay algo que cambiar, pero cuando vienes aquí, en un mes se ha olvidado. No completamente, pero al final entras en tu rutina, en las clases, en las prácticas…”, lamenta, pues sabe que, en Nashik, quince euros es la comida de una niña para todo el mes y aun así, solo beben leche dos veces a la semana. Karen mira hacia el techo mientras recuerda qué hacen las pequeñas a las nueve de la noche. Probablemente estén extendiendo las esterillas en el suelo.

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