Salvar a otro ser humano

HISTORIA 18
Por Claudia Sorbet

Pablo Aicua escucha el despertador, se da media vuelta en la cama y se convence a sí mismo, sin demasiada resistencia, de que puede dormir unos minutos más. Después, bosteza mientras calienta un vaso de leche y se prepara para ir a clase. Si le preguntas, él afirmará con orgullo que es de Caparroso, un pequeño pueblo situado en el sur de Navarra.  Sin embargo, como estudiante de Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural en la Universidad Pública de Navarra, de lunes a viernes comparte un piso con sus amigos en la capital. Como él se describe, es un chico corriente, pero a sus 21 años ha hecho algo inusual: hacer todo lo posible para salvar a otro ser humano.

A un océano de distancia, un treintañero de Estados Unidos busca una oportunidad para apagar el despertador y poder calentarse un vaso de leche. Probablemente nunca haya oído hablar de Caparroso ni tenga el más mínimo conocimiento sobre Ingeniería Agroalimentaria, pero sí que tiene algo en común con Pablo Aicua: ambos son compatibles.

Esa compatibilidad no hace referencia a un enamoramiento a través de eDarling, sino a BMDW (Bone Marrow Donor Worldwide), el registro a nivel global de donantes de médula ósea. Pero comencemos por el principio. ¿Por qué Pablo?

En 2013, Pablo, junto a muchos vecinos de Caparroso, decidió hacerse donante de médula ósea por Álvaro, un pequeño caparrosino enfermo de leucemia. “En ese momento vi que haciéndome donante podía salvar la vida de Álvaro o de cualquier otra persona”, recuerda Aicua. A pesar de la movilización que hubo, Álvaro no tuvo la suerte de encontrar un donante 100% compatible, pero hoy en día, su recuerdo continúa estando presente en Pablo y en muchas personas que luchan porque el mayor número de pacientes posible pueda encontrar un donante.

Dos años después de que Pablo se hiciera donante y pasara a formar parte del registro, recibió una llamada de Cecilia Montesinos, coordinadora de la Fundación Josep Carreras. Pablo era 100% compatible con un estadounidense enfermo de leucemia. Al tratarse de una donación altruista y voluntaria, lo único que supo Pablo de él fueron su edad y su peso, pero no dudó ni un minuto en responder con un sí. Él sería su donante.

IMG_1707

CLAUDIA SORBET

Y Pablo Aicua recuerda el proceso con todo detalle. El 16 de agosto de 2015, Pablo se despertó y por una vez no se quedó bajo las sábanas durante unos minutos más, era un día importante, tenían que hacerle la analítica para comenzar con el proceso. “Me sacaron 13 tubos concretamente, 7 se quedaron aquí y 6 se marcharon a EE.UU”, rememora el estudiante.

“El lunes 21 de septiembre a las ocho de la mañana empezamos la donación”, continúa. Realizaron otro análisis de sangre y mientras esperaban los resultados Pablo fue a dar un paseo con sus padres. Cuando le llamaron y le dijeron que su sangre estaba bien, sintió una mezcla de satisfacción y nervios. “Era una experiencia que nunca había vivido y de ahí los nervios, pero al mismo tiempo podía dar una oportunidad para vivir a otra persona”, explica.

Cuando se enfrentó a la donación, Pablo recibió un pinchazo cada 12 horas para estimular la médula ósea y que produjese las células suficientes para llevar a cabo la donación. Una hora antes de ese pinchazo Pablo se tomaba un ibuprofeno para evitar los posibles síntomas similares a la gripe. Después de la donación, a Pablo no le dolió nada ni estuvo cansado, simplemente siguió con su vida. Estudió, fue a clase y lo pasó bien con sus amigos. “Tanto antes de la donación como después yo seguí con mi vida absolutamente normal”, recalca.

Sin embargo, aunque Pablo no se dé cuenta, algo cambió, al menos para su abuela. Ahora ser la abuela de Pablo Aicua es, todavía con más orgullo, motivo para fardar entre las demás abuelas. “Mi abuela se alegró mucho cuando supo que yo podía donar médula a una persona. La ha parado mucha gente por la calle diciéndole que es muy buen acto, y está muy contenta”, señala Pablo. Y  es que para Pablo esos comentarios que enorgullecen a su abuela son herencia de familia. Cuando recibió la llamada, lo primero que hizo fue llamar a su madre, y tanto ella como el resto de familiares fueron un apoyo tremendo. “No creo que en ningún momento tuvieran miedo ni pensaran que me fuese a pasar nada. Al contrario, me dijeron: ‘Ánimo, estamos orgullosos’. Y ellos también son donantes”, señala Pablo. Para él, la donación es una costumbre de familia. Todos son donantes de sangre, incluso su padre recibió una medalla al donar 50 litros. “Lo tomamos como algo en familia, a veces vamos todos juntos, es algo muy personal”, reconoce.

Pero esta anécdota familiar, no solo cambió la vida de una abuela orgullosa. Al otro lado del Atlántico, un chico pudo aferrarse a una segunda oportunidad ofrecida por la persona menos esperada, un desconocido.

Un pensamiento en “Salvar a otro ser humano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s