Colombia en el corazón

HISTORIA 8
Por María Fernanda Novoa

El misionero navarro Jesús Delgado ha invertido en América más de medio siglo. Hoy, con 85 años, conserva intactos el espíritu juvenil y el deseo de ayudar a los demás que le empujaron a embarcarse.

Jesús Delgado aún recuerda en qué baldosa del seminario de Villafranca se encontraba cuando le indicaron la misión que debía cumplir. Tenía 24 años y sabía que su destino le iba a alejar miles de kilómetros de Navarra. La India era la opción más probable. Hoy, con 85 años ya cumplidos, ya de vuelta en su tierra natal, recuerda que aquel día de hace más de medio siglo el provincial pronunció un nombre inesperado: Colombia. El reto de lo desconocido no impidió que aquella jornada fuera una de las más felices de su vida. Y eso que aún no podía intuir las vivencias, las aventuras y las experiencias pastorales que el encargo le iría proporcionando. Hoy Colombia forma parte de su corazón.

P. Jesús_4

El Padre Jesús Delgado junto a una madre con su hija y su nieta de procedencia indígena. CEDIDA

A las siete de la mañana, con una taza de café en la mano, el padre Jesús Delgado se dispone a afrontar un nuevo día. Aprovecha esa hora temprana para comunicarse por correo electrónico con algunas de las personas con las que forjó una amistad que perdura al otro lado del océano. Se comunica con gente muy variada: matrimonios, familias, jóvenes o personas de edad avanzada que han formado parte de su vida y que ahora siguen estando presentes gracias a las nuevas tecnologías. Para Jesús Delgado madrugar nunca ha sido un problema y desde Corella (Navarra), el pueblo que le vio nacer, recuerda cuando hace unos años se movía con la misma vitalidad para ir a la iglesia Veinte de julio de Bogotá, donde confesaba a partir de las cuatro y media de la madrugada, lo cual suponía levantarse a las tres, debido a las distancias. “Si pudiera, volvería todas las semanas, llevo a Colombia en el corazón”, explica con emoción mientras mira una de las primeras fotografías que se sacó en el continente americano.

P. Jesús_19

El padre Faustino en una visita diaria a la Residencia de las Hermanitas Desamparadas de Cascante. PILI FERNÁNDEZ

A sus 85 años este sacerdote, también conocido como padre Faustino, reconoce que heredó de su madre la cualidad de no cansarse nunca, por lo que no duda en coger el coche para trasladarse todas las mañanas a Cascante (Navarra) y acudir puntual a la Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. “Me gusta conducir. Mi coche, a pesar de tener varios años, ha recorrido unos 400.000 kilómetros”, confiesa con orgullo. Algunos de los residentes de Cascante han escuchado con agrado el relato de las vivencias durante la estancia del padre Faustino en Colombia. Volvió a España para reencontrarse con su familia y porque, de alguna manera, la labor que le encargaron ya había concluido. Ya no quedaban más sacerdotes españoles, por lo que en el 2001 regresó a su pueblo, el mismo que le vio marcharse muy pronto, cuando a los once años ingresó en el seminario de Villafranca. “Volví a España porque después de estar tantos años ausente necesitaba acompañar a mi familia. Visito y cuido a mi hermana y a mi prima, a la que considero una hermana. También celebro misa todos los días y acompaño a las personas de la residencia de las Hermanitas”.

El espíritu de admiración por el que fue su hogar durante 47 años se manifiesta en cada detalle de la casa: los adornos que decoran las paredes muestran fotografías a caballo y con la gente local, también dan luz algunas pinturas realizadas por él mismo, que le trasladan al campo colombiano. De este país le impactó visitar el Amazonas y ver la inmensidad de su naturaleza, también se movió por el Eje Cafetero y fue nombrado capellán de la Fuerza Aérea de Colombia.

P. Jesús_9

El Padre Faustino aprendió a montar porque el transporte para desplazarse por zonas montañosas es el caballo. CEDIDA

Salió el 22 de octubre de 1954 rumbo a Barcelona, donde esperaba el barco que le llevaría al lugar de misión en un viaje que se prolongó cinco días. “Nos embarcamos el 27 de octubre, íbamos noventa pasajeros. Salimos a Cádiz y el 30 de octubre nos adentramos en el océano Atlántico. Recuerdo que nos  subimos a la cubierta del barco a las doce de la noche y cantamos la canción El emigrante de Juanito Valderrama. La mayoría de los pasajeros llorábamos porque nos estábamos despidiendo de España, nuestra tierra, y no sabíamos cuándo íbamos a volver. Muchas de las personas que iban conmigo habían dejado a su familia con la esperanza de verles de nuevo algún día. Se iban a hacer las Américas”.

Cada día que pasaba le hacía ser más consciente de lo que había dejado atrás y darse cuenta de la aterradora distancia que había recorrido junto a sus compañeros de viaje. El desplazamiento duró casi un mes. Tras una escala en Caracas, llegó el 22 de noviembre al puerto de Cartagena, ya en Colombia, para ir marchar desde allí a Sonsón, donde estaba destinado.

El navarro natural de Corella, posa antes de subirse por primera vez en helicóptero en el año 1971. CEDIDA

El navarro natural de Corella, posa antes de subirse por primera vez en helicóptero en el año 1971. CEDIDA

“La vida en Colombia se nos hacía rara al principio. Me vi obligado a aprender a montar a caballo en el momento en que me encargaron ir a confesar a una mujer enferma que vivía en la cordillera. La hacienda de la señora se encontraba en un terreno bastante alto por las montañas, el paisaje era precioso, el paseo hasta su casa duró seis horas”. Tras volver de la visita adquirió su primer sombrero tradicional de campesino colombiano, que le costó 25 pesos y que aún conserva. “La belleza del paisaje y de las personas, la convivencia con el campesino, además de la humildad y alegría de la gente, me llegaron al corazón”, afirma.

Su labor consistía en atender y reconstruir las iglesias de diferentes zonas desamparadas, por lo que junto a otros sacerdotes se implicó en las construcciones para acoger a las multitudes, que les recibían con efusividad. “Reconstruimos muchas iglesias y levantamos nuevas parroquias. Las personas estaban dispuestas a ayudar”, señala. Desde la parroquia valoraban la necesidad de los distintos vecinos y hacían el reparto a los más desamparados: “Acudimos a las casas de las personas que iban a pedir a la iglesia y en función de su necesidad les dábamos comida, ropa y, en alguna ocasión, sillas de ruedas para los enfermos”.

Se celebran muchos sacramentos durante la Misa de Navidad. CEDIDA

Se celebran muchos sacramentos durante la Misa de Navidad. CEDIDA

De su experiencia como capellán de la Fuerza Aérea destaca un viaje en helicóptero que realizó para acceder a una zona de campo: “La gente agitaba pañuelos blancos cuando nos veían llegar. Te recibían como si vieran a Dios, era una cosa espectacular”.

El padre Faustino se siente orgulloso de haber conocido tantas zonas del país suramericano, entre ellas Melgar y Fontibón. Y recuerda con especial cariño el día de Navidad de 1989: “Tuvimos en la parroquia Nuestra Señora de Fontibón 250 primeras comuniones, 177 bautizos y 16 matrimonios más la misa a medianoche de Navidad”.

La vida en Corella antes del retorno
Cuando llevaba trece años en Colombia regresó a España para realizar una primera visita: “En el tiempo que había estado ausente murieron parientes y amigos, las cosas habían cambiado. Visité a mi familia y regresé a Colombia”.

Fue en el año 2001 cuando el padre Jesús Delgado se asentó definitivamente en Corella, aunque no ha dejado de hacer viajes esporádicos a Colombia, el último hace seis años. Volver a su pueblo era extraño, había vivido mucho tiempo fuera, solo recordaba allí hechos de su infancia.

“Debido a la condición en la que quedamos después de la guerra, muchas personas nos criticaron a mí y a muchos otros, afirmando que el motivo por el que habíamos ido al seminario era el de no pasar hambre”.

Para el padre Faustino no hay mayor satisfacción que saber que ha dejado huella en aquellas personas que le conocieron al otro lado del océano Atlántico y que le escriben porque le añoran. Sabe que nunca va a olvidarles, aunque su vida ahora es muy diferente a aquella que inició años atrás. Eso sí, mantiene el mismo espíritu aventurero y de ayuda, el mismo de cuando era joven, de cuando en aquella baldosa del seminario recibió la noticia que le cambió la vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s