Luz de Barcelona para Grace

HISTORIA 7
Por Nerea San Esteban

“La magia de que una persona desconocida, que a menudo vive una tragedia o es víctima de la violencia, el abuso o la pobreza, te permita entrar en su vida por unos instantes, es un regalo frágil que se debe proteger con respeto y firmeza”, Xavier Aldekoa en Océano África.

Según la ONU, más de 2 millones de personas se han desplazado en el interior de Sudán del Sur desde que comenzara la guerra civil que azota a buena parte del país. Mingkaman, situado en el Estado de Lakes, es uno de los campamentos donde actualmente se refugian unos 100.000 sursudaneses que huyen de la guerra, la pobreza y el hambre desde que empezó el conflicto interno en diciembre de 2013. Grace Akon es una de ellos. Tiene 17 años y hasta hace unos meses vivía bajo plásticos y palos en Mingkaman, junto con su padre y sus cuatro hermanos. Su ciudad natal, Bor, había sido arrasada por los combates, por lo que Grace y su familia huyeron junto con más de 9.000 personas hacia el campamento de Mingkaman, tratando de alcanzar, al menos, seguridad.

Campamento_OxfamEastAfrica

El campamento apenas puede cubrir necesidades básicas y tampoco cuenta con una escuela. OXFAM

A pesar de que los refugiados del campamento sursudanés apenas pueden cubrir sus necesidades básicas, lo único que quería Grace era estudiar. “El principal problema en este campamento es que no hay escuela”, contestó decidida al periodista Xavier Aldekoa. La esperanza de vida media en el país más joven del mundo es de 55 años. En España ronda los 83. Si Grace conseguía estudiar Medicina, “salvaría al mundo entero”. Estaba convencida.

Uno de los principales problemas de los campos de refugiados, señalan desde Acnur, es que nacen con la intención de ser temporales, lo que impide muchas veces que existan las “infraestructuras suficientes” como para acoger una escuela. Por otro lado, los recursos que llegan hasta los campamentos de un país en guerra se destinan, casi en su totalidad, a cubrir las necesidades básicas de los refugiados. Agua potable, ayuda humanitaria. Mingkaman no tiene escuela, por lo que miles de niños que ahora viven en el campamento no tienen acceso a educación. Y Grace, que quiere salvar vidas siendo médica, no entiende por qué no es una de las prioridades.

Una adolescente sursudanesa que vive en un campo de refugiados junto con miles de personas no podía esperar ser la protagonista del reportaje que Xavier Aldekoa publicó en La Vanguardia en agosto de 2014. Los miles de kilómetros que separan Barcelona y Mingkaman se reducen a nada cuando ofreces a los lectores el regalo de conocer las historias de quienes no son tan distintos. A veces, ocurre. De repente, una llamada. “He leído la historia de Grace y quiero pagar sus estudios de Medicina”. Un médico anónimo, ya jubilado, había leído en Barcelona cuál era el sueño de la joven y decidió ofrecerle la oportunidad de cumplirlo. Localizar a Grace desde la ciudad condal para contarle la noticia no iba a ser sencillo.

Agua_OxfamEastAfrica

Agua potable y ayuda humanitaria son básicos cubiertos en el campamento. OXFAM

“Grace, hay un hombre en Barcelona que quiere pagarte los estudios”. No hubo contestación. Aldekoa había conseguido contactar con Grace por teléfono, pero la llamada se cortó justo después de que el periodista le diera el mensaje.

En una de sus conversaciones con Aldekoa en el campo de desplazados, Grace se había interesado por tener presencia en las redes sociales. “Ábreme una cuenta en Facebook”, le dijo. Teniendo en cuenta que en Mingkaman  no hay electricidad, crear a Grace un perfil en la red resultaba casi un sinsentido. Una foto fue suficiente: ya tenía presencia en la red social.

Pasaron varios meses tras la conexión telefónica y no había noticias de la joven. Un mensaje en Facebook para Aldekoa rompió la racha. Era Grace. Había escuchado la llamada que decía que un hombre anónimo iba a pagar su educación. No lo pensó. Galletas, cacahuetes y 3.000 kilómetros por delante. Con una libreta verde llena de consejos escritos por su padre y todos sus ahorros, 130 euros, Grace salió de Mingkaman con el objetivo de llegar a Kenia, donde podría estudiar.

Después de tres meses en un camino lleno de combates, asaltos y noches en la calle, Grace llegó a Bungoma, ciudad situada en el este de Kenia. “¿Sabes? De 100 alumnos, soy la novena con mejores notas”, le cuenta orgullosa a Aldekoa ocho meses después de comenzar la escuela. “Ojalá mis hermanos también pudieran estudiar”.

A miles de kilómetros de Bungoma, en Barcelona, el médico jubilado sigue echando una mano a Grace sin hacer ningún ruido. “Ya tengo tu dedicatoria en Océano África”, le dice a Aldekoa después de una firma de libros. “¿Quién será?”, se pregunta el periodista.

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