Dos periodistas que no se rinden

HISTORIA 1
Por Inés Gaviria

El periodismo requiere compromiso y valentía. En algunos países es una profesión de alto riesgo. Odell López y Tamoa Calzadilla lo experimentan a diario en Venezuela.

En algunos países, ser un periodista incómodo –crítico, que hace las preguntas adecuadas, que investiga a fondo y lucha contra los abusos de poder– puede ser peligroso. Venezuela es uno de ellos. Según Reporteros sin Fronteras, en 2014 fue el segundo país del mundo con más periodistas amenazados o agredidos, solo por detrás de Ucrania. Se registraron más de 600 violaciones a la libertad de expresión. Aún así, hay quienes luchan por no ser silenciados. Odell López y Tamoa Calzadilla son dos de esos periodistas contracorriente. Su trabajo cotidiano es muchas veces una cuestión de estricta supervivencia.

El fallecido presidente Hugo Chávez no ponía facilidades para cubrir las ruedas de prensa y las informaciones de los partidos de la oposición. Tampoco lo hace su sucesor Nicolás Maduro. Pero desde que los venezolanos comenzaron a protestar en febrero de 2014 por la falta de libertades, seguridad, alimentos y productos básicos en el país, el clima mediático ha empeorado de forma notable. “Siempre temo por mi vida. Una vez el Gobierno sabe quién eres, dónde vives y quién es tu familia, nunca lo olvidan”, asegura Odell López, que trabaja para el periódico Diario 2001, uno de los pocos independientes que quedan en Venezuela.

El periodista venezola Odell López
El periodista venezolano Odell López tuvo problemas con el Gobierno por defender a un compañero a través de las redes sociales.

Odell es un reportero con experiencia en radio, televisión y prensa cuya carrera estuvo contra las cuerdas el año pasado por unas confrontaciones que tuvo con Diosdado Cabello, presidente del Congreso de los Diputados y número dos del ex presidente Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro. Odell afirma que siempre ha sido incómodo para el Gobierno porque su área de especialización es la política, en concreto los asuntos del Parlamento y de los partidos de la oposición. El conflicto con Cabello tiene su origen en una amenaza que este lanzó al periodista de El Nacional Hernán Lugo Galicia, colega de Odell, en un programa de televisión. “Le defendí en Twitter, y por ello me increparon para que renunciase. Como no lo hice, me echaron de la redacción por la fuerza y trataron de quitarme mi carné de periodista. Incluso me prohibieron la entrada al edificio para siempre”, relata Odell.

Pero este no es el único enfrentamiento que ha tenido con Cabello. “Él me tiene en el punto de mira desde que le pregunté si algunos miembros del Gobierno habían permitido el asesinato de un joven en una de las protestas”, asegura. En Venezuela basta con que un funcionario de alto nivel descuelgue el teléfono y diga que tal periodista es incómodo para que ese profesional se quede sin empleo. López cuenta que en los últimos años la mayoría de los medios del país los han comprado empresarios cercanos al Gobierno. Los periodistas que trabajan en ellos no pueden ni siquiera considerar un artículo crítico.

La censura directa no es la única manera que tiene el Gobierno de callar las voces de los periodistas. Solo hay tres periódicos –Diario 2001, El Nacional y Tal Cual– que no han sido comprados por empresarios afines al chavismo, y son blanco de mucha presión. Todos ellos han tenido que reducir sus páginas por falta de papel. Tal Cual pasó a ser un periódico semanal en vez de diario, después de 15 años de existencia. El Gobierno es el único autorizado para importar papel de periódico y les niega a los medios independientes el acceso a la materia prima, lo que les está causando muchos apuros.

El funcionamiento de la justicia –lento y politizado– no hace sino dificultar aún más el trabajo de los periodistas. La Policía Nacional ha retenido más de una vez a Odell por hacer reporterismo en la calle y también lo han expulsado de supermercados. La Guardia Nacional Bolivariana tiene fotos suyas que no permitió que sacaran. “Las hicieron una vez que estaba cubriendo una rueda de prensa del partido de la oposición Voluntad Popular (el de Leopoldo López). ‘¿Crees que tienes derecho a estar aquí?, me dijeron. ‘¿Crees que por ser periodista puedes estar aquí sacando fotos?’, añadieron”.

Tamoa Calzadilla

Tamoa Calzadilla, periodista de investigación en Venezuela, supo de un asesinato cometido por un policía y publicó un informe que le trajo problemas.

Tamoa Calzadilla, por su parte, lideró durante casi veinte años un equipo de investigadores en la Cadena Capriles, un grupo de comunicación dueño de muchos medios, entre ellos del periódico Últimas Noticias. En 2013, el grupo fue comprado por el banquero chavista Víctor Vargas, lo que se tradujo en menos libertad y más riesgo para los trabajadores del conglomerado mediático. Aún siendo consciente de las dificultades, Tamoa decidió poner en marcha una investigación para ver quién si dos hombres que habían muerto en una protesta habían sido asesinados por miembros del Gobierno. Resultó que sí. Una de las personas a las que denunciaron es Freddy Bernal, alto cargo de la policía de Venezuela. El trabajo periodístico tumbaba, además, la hipótesis del Gobierno de que a un dirigente chavista, Juancho Montoya, lo había matado la oposición.

El informe se publicó en la edición digital del diario Últimas Noticias. Los directivos intentaron, sin éxito, retirarlo de la web. Durante los siguientes días Tamoa sufrió presiones de forma constante. “Querían que descalificáramos y condenáramos a jóvenes manifestantes llamándolos ‘guarimberos’ (como el Gobierno denomina despectivamente a los opositores)”, recuerda. En marzo se vio obligada a dimitir por defender una crónica de su compañera de equipo Laura Weffer. Sin embargo, este episodio de censura fue conocido internacionalmente y Calzadilla dio conferencias en Madrid, París y Panamá. Además, obtuvo, junto con Laura Weffer, una mención de honor del premio María Cabott de la Universidad de Columbia (Nueva York).

Tamoa es ahora una de las jefas del portal de noticias web independiente RunRun.es. A pesar del giro que ha dado su carrera, sigue teniendo miedo. “La gente que señalamos está ahí fuera y tiene poder. Es muy peligroso investigar cualquier cosa que tenga que ver con el Gobierno porque el sistema judicial está colapsado, nadie nos protege”, cuenta. Odell coincide con ella. “El futuro lo vemos negro. La inseguridad nos está matando. Cada fin de semana hay hasta 400 asesinatos solo en Caracas”. Con este panorama, y con los periodistas cada vez más amenazados, mantener la esperanza de que las cosas irán a mejor es difícil para Odell y Tamoa. Pero, como muchos otros periodistas en Venezuela, no se rinden. “El periodismo o se hace con transparencia o no se hace”, defiende Tamoa. Odell, por su parte, asegura que no hay político que le vaya a impedir hacer su trabajo. “No porque sea un héroe, siempre tengo miedo, sino porque es mi deber resistir y seguir informando. Es lo que mejor hago y lo que más me gusta”.

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